lunes, 25 de enero de 2010

Los Tres Pehuenches, El Chupey-Torro Y El León

En la persecución del Ejército Argentino a la población pehuenche, un día tomaron prisioneros a cincuenta pehuenches. Tres de ellos, transcurridos unos meses planificaron su escape.

En el descuido de un gendarme en un estero, lo golpearon con una piedra. Corrieron a esconderse y esperaron la noche para no ser vistos por la vigilancia argentina. Al oscurecer, camuflados entre piedras cruzaron las líneas de guardia y ya muy lejos se encontraron con un rebaño de chivos; mataron uno y se lo sirvieron crudo; en ese momento los pilló el dueño.

Este hombre se compadeció, los invitó a pasar a su rancho y les dio de comer, también les entregó rosquín deseándoles que llegaran a salvo donde sus familias. Les recomendó además, tener mucho cuidado en el camino, ya que cuando la luna está a mitad del cielo sale el “Chupey-Torro”.

Cuando la luna estaba por llegar a la señal, ellos dejaron de caminar pero el Chupey-Torro bramaba muy cerca. Era un enorme animal que con la luz de la luna le brillaban los cachos y levantaba la cabeza olfateando la presencia de los pehuenches.

Asustados, corrieron entre las quilas y se subieron a un enorme árbol. Se amarraron con fajas. Cuando llegó el Chupey-Torro comenzó con sus cachos a cavar el tronco del árbol, escarbaba la raíz con sus patas delanteras y empujaba el tronco. Cuando el árbol crujía y se movía para caerse se escuchó en medio de la montaña un fuerte rugido que se acercaba. Los hombres rogaban a Dios para que no les pasara nada. De pronto, salió entre las quilas un inmenso león que saltó sobre el Chupey-Torro, éste le dio un sacudón y el león cayó, desde el suelo nuevamente se repuso y pasó debajo de la guata y con las garras de las manos le abrió el estómago,…el Chupey-Torro murió.

Luego, el león miró a los tres pehuenches. Estos estaban temblando pensando que se los comería, pero él les hizo una seña para que bajaran. Así lo hicieron y juntos comieron tripas y carne. Luego el león fue a buscar un Choique, le sacó grasa y se untó las heridas que había tenido en la pelea y convidó a los tres pehuenches para que se pusieran en los pies que tenían lastimados y les indicó que hicieran chalas del cuero del animal muerto.

Ese día descansaron y se prepararon para seguir caminando. Decían que el león los iba guiando como si fuera una persona. Pasaron algunos días y encontraron una tropilla de caballos; reconocieron que eran de sus familias y cada uno montó uno. El león hizo señas de que ya estaban muy cerca de sus casas y que él regresaría a su tierra.

Los tres pehuenches le hicieron cariño y dicen que al león le corrían las lágrimas y que cuando se alejaba, éste miraba a cada rato hacia los hombres hasta que desapareció entre quilas.

De esta manera, los tres pehuenches regresaron a sus casas a salvo y le contaron a sus familias todo esto que hoy en día todavía recordamos.

Del Libro Epeu ngutram-che ka taiñ mapa-meo
Relatos del Hombre y la Naturaleza. Mahuida Volumen 1.
Fuente: Fundación Pehuen.

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Nota sobre el texto: El León chileno o Puma tiene una distribución desde Canadá hasta la patagonia y en todos los pueblos indígenas en los que se menciona integra fuertemente los mitos y tradiciones locales. Es un animal sagrado vinculado a los seres supremos, entre ellos el Sol, cuyos espacios de dominio son las alturas cordilleranas.

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