domingo, 25 de abril de 2010

La Niña De Los Ojos De Luna Llena. De Cómo Nació La Ciudad Del Viento

Una niña de cabellos rizados descubrió esta flor silvestre creciendo en los arenales del río, justo junto a mi banco de arena donde vivíamos mi oboe y yo; me habló con voz suave y quebradiza y me dijo: "mira, aquí crecerá una ciudad, La Ciudad del Viento". Mientras yo la contemplaba y veía como la flor pequeña se multiplicaba por miles.

Hoy eso es una ciudad de flores, viento, música y agua que lava mi rostro. En el banco de arena que ella descubrió la primera flor he dejado anclado mi barco. Poco a poco fuí bajando a los arenales mis pertenencias de años y ocupando el espacio llano con cosas inútiles y así , sin darme cuenta, fuí quitando espacio a mi oboe hasta casi dejarlo en el extremo más lejano del arenal, las flores se confundían con mis pertenencias inútiles y cada vez dedicaba menos tiempo a escuchar la voz de la niña de cabellos rizados, que me hablaba de que cada día nacían miles de flores más. Confundido y desorientado por mi tormenta y esos miles de flores, olvidé que era mi oboe quien cada mañana cantaba a esta ciudad de flores que nacían. Entonces fuí en su búsqueda hasta el extremo del arenal.

Me desplomé al ver que al subir las aguas y el viento de la tormenta lo habían arrastrado nuevamente y, en mi pena de abandono a mi tesoro, me sumergí en las aguas del río y nadé buscándolo.

Llevo años viviendo en los bancos de arena, los he conocido todos pero no he vuelto a ver mi oboe.

Viviré en este río hasta encontrarlo nuevamente, volveré a limpiar sus llaves y lo abrazaré firmemente otra vez, sin olvidar que sin su aroma dulce y su amor soplando a mi oído todas las flores y el río se secarán y esta ciudad ya nunca volverá a vivir. Tal vez sea devorado por la serpiente que acecha en los remansos del río o tal vez, si los años no me alcanzan, me adentraré en el mar, dejaré atrás mi ciudad, mi bicicleta, mi barco y mis rodillas peladas de niño. Entonces, veré mi cuerpo suspendido y caerá una lágrima de mis ojos, que junto a otros millones irá a bañar la playa elevada de mi niñez.

Por Udo H. Schweitzer M.

Puede leer más en su blog: http://udoschweitzer.blogspot.com/
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