domingo, 26 de diciembre de 2010

“Aunque Los Vientos De La Vida Soplen Fuertes Soy Como El Junco Que Se Dobla Pero Siempre Sigue En Pie”

A pronto de que deberíamos celebrar con entusiasmo las festividades de fin de año, especialmente como lo es la Navidad, por nuestros niños y porque en estas fechas los adultos también vamos al rescate de aquellos niños que fuimos para sentirnos igual más amados. Los chilenos, nunca habíamos estado tanto en ascuas si habrá qué celebrarlas o no ante tantos golpes bajos que nos han dado la naturaleza y nuestra indolente realidad que históricamente hemos negado por distintas conveniencias.

Como tozudamente se ha visto volvemos a las polémicas de siempre y de echarnos la culpa unos a otros y por lo mismo no corregimos aquellos errores que como Estado no se han solucionado por años y donde esperamos que pronto de verdad se solucionen.

Como reza parte de un discurso que, “La historia la escriben los pueblos”. Serán también los historiadores y los sociólogos quienes contarán ha futuro el por qué de tanta tragedia que hemos vivido en el Bicentenario de nuestra Independencia. Donde creíamos que la íbamos a celebrar con lo mejor que teníamos como país. Por eso, a pesar de tantos dolores que hemos vividos los chilenos, más allá de cada opinión que tengamos cada uno, somos igual como dice la canción Resistiré de Dúo Dinámico: “Aunque los vientos de la vida soplen fuertes soy como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie”. Esto no es una actitud de soberbia, sino de valentía de seguir adelante a pesar de todo aquello que nos daña como nación y en lo personal.

Por lo mismo, siempre cuando nos pasa un hecho negativo queremos aferrarnos a los brazos de quienes nos diga que mañana las cosas irán mejores. Por ello, en esta Navidad y en Año Nuevo les brindo a todos ustedes junto a quienes comparten su vida mi infinita solidaridad y fraternalmente les dejo mi poema Mi fuerte roble. El cual pertenece a mi poemario Gracias por haber creído en mí; publicado en el año 1989.

MI FUERTE ROBLE.

Vivo por noble causa,
Pues estoy adherida
A una ferviente asociación;
Fundada en la dignidad
De mi existir.
¿Qué sería de mi
Sino no hubiera tenido una familia?
Sería una árida semilla,
Aunque viviera sobre un prado verde.
Pues no tendría cobijo
Igual que las demás semillas.
Viviendo a la sombra
De un decadente verano.
Sin poder emanar esperanzas ciertas,
Aunque hubiera tenido
Una regalada existencia.

Mi innata y amada familia,
Es el fuerte roble
De mi no sólo estival jardín.
En donde voy aferrándome
Como una débil hiedra.
Quien necesita crecer
Bajo un mismo sol;
Bajo una misma luna.
Yendo confiada a través en el tiempo,
Y razón perenne es,
Porque me brindan fieles testimonios
De cada acontecer universal,
Que a la distancia
Mis sentidos no pueden presentir.

Es así
Que tengo este inmenso mundo
En mis manos.
Permitiéndome caminar por él
Con mis propios pensamientos.
Pues mi voz no tendría eco,
Si ella antes no fuera escuchada
Por mi familia.
Mi silencio
No tendría el respeto resguardado.
Sería destruido
Por aquellos sonidos
Que mutilan al espíritu.
Desintegrándose el núcleo
Que sustenta y certifica
La realidad que existe en mi camino.

¡Ufana!
Gratificándole a Dios voy,
Cuando los veo albergar
En sus emotivos corazones
Sentimientos de fraternidad
Al verme reír
Como un arlequín de comedia
O llorar como un infante abandonado.
Brindo así,
Un imperecedero reconocimiento
A mi familia.
Pues a través de ella,
Tengo un recordado pasado;
Un equilibrado presente
Y un surcado futuro
Confirmándome todo ello,
Que tengo una identidad única y legible
Antes los demás y, principalmente,
Porque no estoy sola.

Narcisa Lezano Barriga.
Poetisa de Nuestra Tierra
Publicar un comentario