miércoles, 23 de febrero de 2011

Que Dios Pille Confesado A Karadima

Columna de Opinión de Vivian Lavín, Publicado en Radio Universidad de Chile

Una vida de oración, retiro y penitencia” es lo que el Vaticano a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dictaminó como castigo para el sacerdote Fernando Karadima.

Esta breve frase contempla una parte de la resolución que emanó del importante órgano eclesial, ya que además considera la “prohibición perpetua del ejercicio público de cualquier acto del Ministerio”, para quien fuera durante décadas el férreo sacerdote de la influyente Iglesia de El Bosque en Providencia y cabeza pensante y resolutiva de la Pía Unión Sacerdotal, una suerte de círculo de hierro integrada por jóvenes sacerdotes de buenas familias, todos nacidos a la vida sacerdotal bajo la sotana de Karadima. Después de la inapelable resolución del órgano custodio de la moral católica, los sacerdotes que hasta hace unos días aún creían a pies juntillas en la inocencia de su guía espiritual, han quedado en una difícil situación, cuando sus propias carreras sacerdotales que fueron trazadas palmo a palmo con la pluma de Karadima y cuando la influencia que sobre ellos tenía el malogrado sacerdote era como una cuerda corta y tensa, pone en duda sus criterios y claridad para analizar la realidad, cuando frente a sus ojos, durante años, el sacerdote abusó de sus propios amigos. Pero no sólo eso, además el Vaticano los deja en una débil situación como para seguir influyendo, como lo han hecho durante décadas, cuando la Pía Unión Sacerdotal que integran, tiene el escaso carácter espiritual de una inmobiliaria, dueña de los terrenos donde se emplaza la Parroquia, en pleno corazón de la comuna de Providencia, propiedad avalada en más de 10 millones de dólares, pero además de muchos otros inmbuebles de importante cuantía.

La sentencia que pesa hoy sobre el sacerdote Fernando Karadima es un durísimo golpe para la Iglesia Católica chilena, que no supo acoger las graves denuncias que se hicieron sobre el párroco, en una actitud que ya más parecía fruto de una política interna, debido a los continuos y repetitivos silencios frente a éstas y tantas otras acusaciones y que tiene dolida e irritada a su grey. Sin embargo, la resolución con que el nuevo Arzobispo de Santiago y Presidente de la Conferencia Episcopal Ricardo Ezzati tomó el asunto desde el comienzo, es una tan poderosa como clara señal de que las cosas en estas lides van a cambiar. Ya no más “nunca creí que..” o “nunca pensé que…” frente a quejas tan delicadas.

Pero el duro castigo espiritual en contra del sacerdote Karadima viene a ser además, una vergonzosa lección para quienes en el mundo temporal tuvieron el caso en sus manos. Una vez más y de la misma manera como cuando el juez Garzón fue capaz de capturar y someter a un escurridizo e intocable Pinochet bajo los preceptos de la justicia universal, la sensatez europea, esta vez, casi justicia divina, se impone a la chilena y le viene a decir al juez Leonardo Valdivieso, que el sobreseimiento de la causa que decretara en diciembre último mancha su carrera y enloda a todo el Poder Judicial. Poder que tiene aún una última oportunidad para redimirse si es que acepta la justicia civil reabrir el caso, como lo ha solicitado la fiscal María Loreto Gutiérrez, quien rechaza lo obrado por Valdivieso y acusa una falta de rigor cuando la investigación aún no se terminado. De no ser así, veremos cómo la justicia chilena prefiere parecerse al oriental mono que con sus manos tapa sus ojos, sus oídos y su boca que a la impasible y esbelta Iustitia, quien con sus ojos vendados y balanza en mano, no teme poner su pie sobre el feroz león, que simboliza al poder.

Si bien, el todavía sacerdote Fernando Karadima no pasará nunca un día en la cárcel, deberá someterse a la prisión de su conciencia que lo acosará con la misma lengua filosa y penetrante con la que durante tantos años se introdujo en el alma y la mente de tanto parroquiano incauto, mientras desde el púlpito los hacía adorar al falso dios de la dictadura.

Nunca más su verba viscosa y condescendiente con los violadores de los Derechos Humanos podrá rozar ni infectar a jóvenes chilenos.

Que Dios lo pille confesado, que tendrá tiempo suficiente para eso.
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