miércoles, 11 de mayo de 2011

Las "Supermalezas" Desatan Una Carrera De Herbicidas

Una plaga de resistentes superralezas inmunes al pesticida más potente contra este flagelo está arrasando el corazón agrícola de Estados Unidos. Esto está provocando un contraataque por parte de las empresas de la industria que podría hacer que los agricultores usen mayores cantidades de los herbicidas tradicionales.

El pesticida que está dejando de surtir efecto se llama Roundup. Su fabricante, Monsanto Co., también vende semillas de maíz, soya y algodón que son resistentes al químico. Los agricultores ahora lo hacen en masa, al usar variantes de cultivos de "Roundup Ready" para 90% de la soya y 80% del maíz cultivado en todo el país.

El ascenso de Roundup, hace más de una década, eclipsó por completo a herbicidas más antiguos. Pero ahora, cuando distintos invasores se han vuelto inmunes a Roundup, las empresas químicas desempolvan los potentes herbicidas de antaño para atacar a las nuevas supermalezas.

Siguiendo el modelo de Monsanto, las grandes empresas químicas están desarrollando nuevas variedades de cultivos que les permitirán a los agricultores aplicar libremente los viejos herbicidas, en lugar de tener que aplicarlos quirúrgicamente para salvar sus cultivos.

Dow Chemical Co., DuPont Co., Bayer AG, BASF SE y Syngenta AG están gastando cientos de millones de dólares en el desarrollo de semillas de soya, maíz y algodón modificadas genéticamente que puedan sobrevivir a la aplicación de sus herbicidas, de muchas décadas de antigüedad.

Sin embargo, esta iniciativa de la bioingeniería está causando controversia.

Algunos de los viejos pesticidas —en especial los llamados 2.4-D y dicamba— tienen un historial de ser más riesgosos para el medio ambiente. Eso se debe en parte a que tienden a esparcirse con el viento hacia las granjas colindantes o la vegetación silvestre.

Las empresas químicas apuestan a que sus inversiones en biotecnología rendirán por partida doble: los granjeros comprarán más herbicidas y pagarán grandes sumas extra por las nuevas semillas modificadas.

Es probable que para mediados de esta década, alrededor de 40% de la tierra estadounidense plantada con maíz y soya se vean atacadas por lo menos algunas supermalezas resistentes al Roundup, estiman ejecutivos de DuPont.

Eso podría crear una gran demanda por los herbicidas que pueden eliminar las malas hierbas evolucionadas y por las semillas de los cultivos que permiten el uso de esos herbicidas.

Como resultado, de esta cadena viciosa de uso de agroquímicos, la cantidad de herbicida rociado sobre sólo un cultivo importante, como la soya, podría aumentar en alrededor de 70%.

Estos hechos auguran más revuelo en la industria de los pesticidas en EE.UU., que mueve US$12.000 millones al año. Monsanto ya está rebajando los precios de Roundup para competir con una ola de imitaciones baratas fabricadas en China. La patente de Roundup expiró hace años.

En la década de los 90, Monsanto revolucionó la industria de la agricultura al ofrecer su primer producto transgénico: semillas de soya a las que los científicos habían transplantado material genético de microorganismos y petunias. Las semillas engendraban plantas de soya resistentes a la exposición a Roundup. Conocido químicamente como glifosato, Roundup se hizo conocido por su capacidad de aniquilar casi cualquier hierba.

Las nuevas semillas tuvieron un fuerte impacto. El control de la maleza se volvió tan fácil que muchos agricultores vendieron sus aparatos para esparcir los pesticidas y dejaron de comprar otras clases.

Las ventas y las ganancias de Monsanto subieron significativamente, mientras otros fabricantes de herbicidas se vieron perjudicados. Por ejemplo, el herbicida principal de DuPont para la soya perdió 90% de su negocio. Hoy, Roundup y sus competidores genéricos son usados en casi cuatro veces más hectáreas estadounidenses que el resto de herbicidas.

Pero la maleza se está adaptando. Por lo menos nueve especies han desarrollado inmunidad al producto. El éxito de las semillas costosas que son tolerantes al Roundup demuestra que los agricultores estadounidenses están dispuestos a pagar un precio más alto con tal de controlar las malas hierbas con químicos. Por eso, los competidores de Monsanto están trabajando a toda máquina para desarrollar alternativas. "El negocio de los herbicidas era bueno antes de que Roundup eliminara a casi toda la competencia", afirma Dan Dyer, director de investigación y desarrollo de Syngenta. "Ahora se vuelve a poner interesante."

Por Scott Kilman
Publicado Originalmente en: Diario La Nación de Argentina
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