martes, 31 de agosto de 2010

La Guitarrera De Quinchamalí (Leyenda Campesina)

En Quinchamalí, un pueblo de la Provincia de Ñuble, Región del Bio Bío, vivía una mujer muy especial. Ella enviudó muy joven y no tenía hijos, su gran compañía era la música y era una talentosa guitarrista. Nadie como ella cantaba tan lindo con su guitarra, ya fuera con cuecas alegres, refalosas y graciosas bromas. No hubo fiesta, matrimonio, bautizo o velorio en que la guitarrera no fuese la invitada de honor. Además de bonita, era ingeniosa y alegre y así su vida transcurría lindamente.



Resultó que cierta vez, en uno de estos tantos eventos en los que ella participaba, conoció a un huaso llegado de otra provincia. Ella, linda, pícara, graciosa y risueña, al ver a este huaso varonil, alegre, se acercó y se hicieron muy amigos; ambos se entendieron de inmediato. Y así, compartiendo guitarra y canciones, comenzaron un gran amor.

El tiempo pasaba y su amor iba creciendo cada vez más. Todos los días se encontraban bajo un peral con la luz de la luna o a mirarse en los reflejos de los rayos del sol de los amaneceres.



Pero al cabo de un tiempo, el huaso debió retornar a su tierra. Partió jurando amor eterno a la guitarrera, y prometiendo regresar a buscarla, y en tanto él le mandaría recados de amor con los arrieros, que cada cierto tiempo pasaban por el lugar llevando a pastar a sus animales.

Llena de esperanzas, la guitarrera esperó al huaso. Pero aguardaba en vano, pues él no daba señales de vida.



Durante su larga espera, la guitarrera iba a tocar su instrumento y cantar sus esperanzas bajo el peral, alejándose de todos sus amigos. Mientras que en el pueblo echaban de menos su música y sus bromas que animaban las fiestas.



Y así, una madrugada la encontraron muerta bajo el peral, con su guitarra en sus brazos. Comprendieron la causa y la lloraron por un largo tiempo.



Este gran amor fue el que inspiró a las alfareras de Quinchamalí, quienes hasta hoy hacen con sus manos el famoso cántaro que muestra a la guitarrera vestida de negro, que parece tocar y cantar las penas de su mal pagado amor y de su felicidad jamás cumplida.



Texto e imágenes gentileza de Daniel Jarpa Riffo
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