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jueves, 19 de febrero de 2009

La Trilla a Yegua Suelta


Con mucho interés, he leído en algunos diarios de la Región, en estos meses de verano, informaciones vinculadas con nuestras costumbres campesinas, y los diversos quehaceres de la gente de campo. En esta oportunidad quiero referirme a las distintas versiones de un sistema de trabajo realizado por agricultores para cosechar sus trigos; vale decir, la trilla a yegua suelta.

Este es un trabajo que se ejecuta con mucho esfuerzo, correspondiendo a una faena más de los muchos quehaceres de la explotación de los campos, hasta que empezó a usarse la tecnología con la llegada de las máquinas trilladoras, lo que vino a solucionar en parte el gran problema de las cosechas, faena que significaba para muchos una tremenda preocupación. Claro que hasta donde estas máquinas pudieran llegar debido a las dificultades del terreno; porque en la cordillera de la Costa, aún se sigue trillando a yeguas sueltas, constituyendo esta labor una costumbre y una tradición chilena. Ahora bien: este tipo de trilla, nunca fue ni es un espectáculo circense con venta de entradas y comercio de especies varias, como algunos sectores la muestran hoy día.

Este es un trabajo agrícola más. Las trillas a yegua suelta son propias de la gente de campo y forman parte de sus labores agrícolas tradicionales, como cualquiera otra actividad campesina. Por eso, nuestras tradiciones debemos exponerlas y practicarlas desde su concepción misma, y la trilla a yeguas sueltas, no debemos disfrazarla como espectáculo de distracción y jolgorio. Las nuevas generaciones deben entenderlas y conocer esta tradición en su realidad pura, de otra manera, nuestro país perderá su identidad.

La trilla es la culminación de ocho meses de trabajo, y realizarla requiere de la cooperación de mucha gente y hartas yeguas. Fijado el día de la trilla, se invita a los vecinos para que concurran con horquetas y se contratan las yeguas trilladoras, que con sus cascos separarán el trigo de las espigas. La cantidad de yeguas son de quince, veinte o más animales, según la cantidad de trigo a trillar. Estas son arreadas al galope, por dos jinetes con su respectiva “guasca” cada uno, dando unas diez vueltas a un lado y otras tantas para el otro lado, para así no marear los animales, gritando a voz en cuello, “yegua, yegua, yegua”, para obligar a las yeguas a galopar. 

Los horqueteros, mientras galopan los animales, mantienen las horquetas en alto, con los ganchos de esta herramienta en el sentido que corren las bestias. Cuando los trilladores (arreadores) gritan “vuelta yegua”, los animales se detienen y vuelven rápidamente al otro lado, mientras los horqueteros cambian la posición de las horquetas.

Terminada la comida y para agasajar como corresponde a los concurrentes, se inicia la fiesta con guitarreo y huifa. La infaltable cueca interpretada por buenas cantoras campesinas, esa cueca que no ha muerto y que aún no ha nacido el sepulturero que le eche la última palada encima; se baila hasta el amanecer. Sucintamente relatada, esa es la verdadera trilla a yegua suelta.

Por Eduardo Omar Estrada
Fuente: Diario La Tribuna, 19 de febrero de 2009.
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