viernes, 30 de octubre de 2009

Que El Olvido No Sea El Pago De Chile. La Historia De José Antonio Garretón

José Antonio Garretón Silva nació en Los Ángeles en 1844, hijo de don José Antonio Garretón Galván y de doña Carlota Silva Arriagada. En 1861 se incorporó al regimiento Cazadores a caballo. Leandro Navarro en su Crónica Militar, lo cita como proveedor en las primeras campañas de la Araucanía, junto al Cirujano Enrique Burke teniendo solo 17 años. En 1871 ingresa al 2º de Línea encontrándose en las campañas de la Ocupación de la Araucanía como subteniente en 1871 y teniente en 1873. Así, al iniciarse las operaciones del Pacífico, ya tenía el grado de Capitán, asistiendo a la toma de Calama, bombardeo de Antofagasta, asalto de Pisagua y batalla de Tarapacá, donde rindió la vida frente a sus tropas el 27 de Noviembre de 1879.

Nicanor Molinare en “La batalla de Tarapacá” (1911) escribió:

“Se recordará de Tarapacá, que de orden del Comandante Ramírez, los capitanes Necochea i Garretón, ocuparon las casitas del valle, las que estaban un poco al norte de la Cuesta de La Visagra. Pues bien, ahí nuestros capitanes, tan pronto tomaron posesión de su puesto iniciaron la acción. Su tropa por su número, era insignificante, pero no por sus alientos, porque todos estaban resueltos a dar la vida, a venderla cara. Garretón, Necochea i sus hombres ocuparon las casitas, se parapetaron en ellas i en sus frentes i recibieron a los hombres del Coronel Fajardo, con un fuego lento pero mui bien dirijido; las municiones estaban contadas i era necesario lograr los pocos proyectiles que habían. La resistencia de nuestros dos Capitanes, fue formidable, pero inútil; a su frente avanzaban dos cuerpos, el Cazadores del Cuzco i Cazadores de La Guardia. ¡Benditos sean sus nombres i escúlpanse, para ejemplo de las futuras edades, en el bronce í en el mármol los de Ramírez, Vivar, Garfias, Barahona, los Garretón i demás bravos soldados que, sin pestañar, dieron su vida en el ara santa de la patria!
Hasta el presente, en la histórica quebrada muestran sus habitantes a los viajeros del desierto que llegan a ella en busca de agua í de reposo, las ruinas de la casa en que fue quemado Ramírez i los derruidos restos de la casita de Garretón. Allá en el fondo maldito de esa hondonada, el valor del Capitán don José Antonio Garretón, con letras de fuego ha dejado inscrito su nombre.

Zelaya dice, en una carta, refiriéndose a este lance: “jugamos el todo por el todo, i agazapados salimos a todo escape i las balas que nos confundían por todas partes, i así anduvimos hasta salir fuera de tiro”. Momentos más tarde, agrega Federico A. Garretón, conseguimos trepar la ladera i llegar al alto.

En fin, que los tres Garreton, se condujeron bien, no cabe duda, porque los huesos de José Antonio quedaron en la quebrada; Abel fue gravemente herido i Federico, en prueba de su valerosa conducta, fue inmediatamente ascendido a Teniente”.

Benjamín Vicuña Mackenna en “El Álbum de la gloria de Chile” (1885) escribió:

“El capitán don José Antonio Garret6n que fue muerto en la batalla de Tarapacá a1 frente de su compañía, era hijo de la ciudad de los Ángeles, la cual, mejor que este nombre habría merecido el de ciudad de los soldados, porque todos los que allí nacen van por un camino u otro a formar en las filas del ejército. Relata en una carta del capitán don Francisco Olivos que, Garretón aparte de las mil cualidades que como hombre lo adornan, tiene la de ser un militar pundonoroso, honrado i valiente como pocos; con su compañía, que pudo colocarla en mui buena posición, rechazó al enemigo que trataba de envolver al resto del 2º; pero en pago de tal hazaña, el enemigo concentró sus fuegos sobre esa compañía, de tal modo que solo han quedado 29 individuos.

El valiente Garretón recibió tres balazos, uno en una mano, otro en una pierna i el último le atravesó el cuerpo, entrándole por la barriga i saliéndole poco más arriba de los riñones; ya con estas heridas, el bravo Garretón, cayó sin exhalar más queja que: ¡¡Ésta sí que es buena!!

Francisco Machuca en “Las cuatro campañas de la Guerra del Pacífico” (1928) escribió:

“El comandante de artillería de marina don José Ramón Vidaurre expedicionó sobre Tarapacá el 21 de enero de 1880, con 170 hombres de su cuerpo y cien cazadores del Mayor Vargas. El comandante, ya que no había con quien batirse, se entregó a la piadosa tarea de enterrar los últimos despojos, aun insepultos de los caídos en la batalla del 27. Tuvo la satisfacción de encontrar los restos del comandante don Eleuterio Ramírez y del capitán don José Antonio Garretón, que envió a Iquique con los comprobantes de estilo, después de elevar un modesto túmulo sobre el lugar del sacrificio del héroe del 2º de línea. El señor Ministro dispone que el transporte “Itata” conduzca la fúnebre carga a Iquique, para su trasbordo al sur, en unión de los cadáveres del comandante Ramírez, capitán Garretón y teniente Cuevas, depositados en la iglesia parroquial de este puerto. El general en jefe dispuso que los condujeran, el mayor don Miguel Arrate Larraín, hijo político de Ramírez, y el teniente don Abel Garretón, hermano menor del capitán.

Los regimientos 2º de línea, Artillería de marina y batallón Chacabuco, testigos del martirio de Tarapacá, hicieron los honores fúnebres a la partida del convoy. Las manifestaciones de condolencia se suceden en todas las estaciones, hasta Pisagua, en donde forma calle hasta el muelle un batallón del “Esmeralda”. Los señores Manuel Campbell, capitán del “Toro”, teniente Abel Garretón, capitán Benjamín Montoya y otros oficiales de la guarnición llevan la urna de Garretón. Los ataúdes permanecen en una hermosa capilla ardiente, mientras se oficia la misa, con las preces de ritual; terminada la ceremonia, se guardan en la cripta de la iglesia, en unión del cadáver del teniente Cuevas, del Chacabuco.

Poco después, el vapor “Toro” recibe orden de trasladar a Antofagasta los despojos de Ramírez, Thompson, Garretón, Cuevas y Goycolea. Continúa la comitiva por las calles de la Aduana, del Cabo y San Juan de Dios, torciendo, por Bellavista a la estación de este nombre, en donde termina la manifestación con una brillante alocución del señor Indalecio 2º Díaz. Al día siguiente, el señor Altamirano y numerosa comitiva despiden en la estación del Barón, el tren especial que conduce a Santiago los nobles despojos de nuestros héroes. El convoy se compone de la locomotora y cinco carros. Esta va cubierta de palmas verdes, festones, ramas y coronas, entrelazadas con bandas y rosetones de tul negro. El primer carro conduce a Garretón, Cuevas y Goycolea. La sencilla inscripción “Tarapacá” va orlada con ramilletes y lazos negros de cinta. La urna de cristal que contiene los restos de Garretón, es arrastrada por soldados de la Guardia Municipal, cadetes de la Escuela Militar y Guardias del orden.”

Domingo Contreras Gómez en “La ciudad de Santa María de Los Ángeles” (1942)

“Las ciudades de Antofagasta, Valparaíso y Santiago rindieron a esos restos grandes honores, sobresaliendo estos los que les dieron en la capital. Del discurso que pronunció en aquella ocasión don Juan Miguel Dávila Baeza, reproduzco algunas de sus palabras: “El acero enemigo ha roto el lazo a la materia las almas de Thompson, de Ramírez, de Garretón, de Cuevas y de Goycolea; pero si ellos no viven, su recuerdo permanecerá eternamente en la memoria de sus conciudadanos, sus nombres serán un timbre de honor para la patria, figurarán con orgullo en sus monumentos y ocuparán un lugar preferente en su epopeya. Su ejemplo será, como ya ha sido el de Prat, el de Serrano, el de Riquelme y demás mártires del deber, fuente fecunda de nobles virtudes cívicas.”

Los restos mortales de este heroico militar angelino, luego de recibir los honores en las ciudades anteriormente nombradas, fueron trasladados y depositados en la antigua Parroquia San Miguel de Los Ángeles, ubicada en calle Colón esquina Lautaro. Lamentablemente en la década del 60, cuando se demolió el templo, sus restos y la lápida de mármol que los cubrían, fueron destruidas por la picota. Ninguna voz de alerta se levantó entonces, nadie previó este desastre y pérdida patrimonial, no se tomaron las medidas correspondientes destinadas a trasladar a los difuntos que descansaban en ese sitio.

Superfluo me parece ya decir que, el reconocimiento y deuda contraída a lo largo de estos años, por las autoridades ha sido, por decir lo menos, ingrata. Es el momento de decir como siempre para estos casos, “este es el pago de Chile.

Recopilación Realizada por Gentileza de don Luis Garretón M.

Nota: Cuando partimos con este trabajo de publicación en internet del patrimonio histórico y cultural de nuestra tierra, lo hicimos con la intención de levantar una base de información que permitiera ir con el tiempo recopilando más material. El trabajo es de largo aliento y sabemos nuestras limitaciones, sin embargo comprendemos que este espacio sólo puede crecer gracias al aporte de nuestros propios usuarios. Por esa gentileza del tiempo tomado para recopilar estas historias les damos las gracias.

Familia Fraczinet Sáez
Nuestro Bio Bío.cl

Nota: http://www.nuestrobiobio.cl/notas/09/octubre/La_Historia_De_Jose_Antonio_Garreton.html
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