martes, 14 de febrero de 2012

DVD "Retrato De Un Antipoeta" Censurado Por Su Familia. La Opinión De Nicanor Parra Sobre La Dictadura Que Irritó A La Familia Del Poeta

Hace un par de meses está a la venta el DVD “Retrato de un Antipoeta”, la película sobre el reciente ganador del premio Cervantes que Víctor Jiménez Atkin filmó durante once años. Es lo que quedó de una edición completa, que su hija Colombina logró cortar contratando a un importante estudio de abogados.

por Felipe Saleh



“Por una parte es un salvador, si no fuera por Pinochet estaríamos como Cuba. Eso es un hecho. Pero enseguida las atrocidades que se cometieron. Uno quisiera un salvador sin atrocidades. ¿Cómo junta uno las dos cosas? La atrocidad con una operación de salvataje. Si uno quiere pensar en grande la cosa, no hay tal salvador. Un salvador a corto plazo ¿para qué? Un mecanismo que se llama consumismo, pan para hoy y hambre para mañana”.

Esta opinión de Nicanor Parra sobre la dictadura —el mismo artista que tomó el té con la esposa de Richard Nixon en 1970—, casi le cuesta once años de trabajo a Víctor Jiménez Atkin, el director de “Retrato de un Antipoeta”, documental ahora disponible en DVD, en una edición especial.

La película tuvo casi un via crucis antes de estrenarse, aunque la relación entre Jiménez y el poeta reciente ganador del Premio Cervantes empezó con una fluidez extraordinaria.

La película se tomó un tiempo largo y siempre, según Jiménez, con la atenta mirada de la familia, específicamente de su hija Colombina y de “Tololo” Ugarte, su nieto, que aparece niño y luego adolescente.

Cuesta creerlo, pero cuando Víctor Jiménez volvió a Chile, luego de formarse como cineasta en Italia y trabajar en México, no sabía quién era Nicanor Parra. Ese es el lugar desde donde parte el director y aunque suena bastante ingenuo, Jiménez parece sincero.

Conoció a Parra a través de su mujer, hermana de Mario Navarro, y sobrina del empresario Andrés Navarro. La casa en la que vive Nicanor Parra en Las Cruces, perteneció a esta familia y de ahí que en el año 1997, cuando el poeta recién compró la casa, el nexo con Navarro era muy bueno. “Mario y Parra hicieron negocios”, cuenta Jiménez.

El director se detiene a relatar la historia: “Cuando llegué de México sin contactos, Mario había hecho que Nicanor interviniera una serie de grabados de pintores chilenos y la idea había sido un éxito. Luego, se le ocurre hacer una cosa parecida con Matta y ahí entro yo. Yo conocía a Matta, había estado en su casa en Tarquinia, conocía bien su obra. Pero Parra, como digo en la película, no tenía idea de que existía, realmente no cachaba”.

El acuerdo tácito

La ignorancia funcionó como una gran ventaja. “Llegué canchero y Nicanor percibió eso también. Era una relación bien fresca, espontánea y divertida, más de formas que de intelecto”, cuenta Jiménez.

Los grabados por cierto resultaron un éxito. Los vendieron todos. En ese momento Jiménez convence a Navarro de que es buena idea dejar de grabar a Parra en video y hacerlo en un formato que se conserve en el tiempo. Consiguen dinero y latas de película de 35 y 16 milímetros.

Un día sobre una mesa del taller de Parra en su casa en La Reina, cuando el poeta firma los grabados de Matta, Jiménez prende la cámara. “Empezamos a grabar. Se sorprendió. A ratos estaba incómodo, pero no me dijo que no, y ahí cagó”, dice Jiménez entre risas.

Más en serio, explica: “Alguien dijo que fui cazurro, que me pasé de listo. Pero yo siempre hasta el día de hoy pienso que fue un acuerdo tácito entre retratado y retratante, cuando dos personas están de acuerdo sin decirlo. Eso siempre existió, nunca se verbalizó en el proyecto y menos en un papel. Empezó sin decirme que no, por razones que desconozco. Tal vez, como estaba Mario Navarro”.

El manifiesto de Parra

Así, Víctor Jiménez logra entrar en la esfera más íntima de Parra, ve y filma los “artefactos”, que a fines de los ’90 todavía eran parte del mundo privado del poeta, antes de transformarse en objetos de exposición. Aparte de la mirada un poco ingenua para alguien acostumbrado a la obra de Parra, muestra al poeta en su período más pleno antes del retiro que vive hoy. A Parra en su expresión más política hablando de Hamlet (“el huaso por antonomasia”), Derechos Humanos (“el primer deber humano es respetar los Derechos Humanos"), ecología, crisis energética y su receta para salvar al mundo en el futuro: “Economía mapuche de subsistencia”.

La película se tomó un tiempo largo y siempre, según Jiménez, con la atenta mirada de la familia, específicamente de su hija Colombina y de “Tololo” Ugarte, su nieto, que aparece niño y luego adolescente.

“Yo filmaba y le mostraba lo que había hecho Nicanor. Siempre apoyaron, sobre todo la Colombina, siempre tuve relación con ella, cuando hicimos el montaje en 2007”, cuenta Víctor Jiménez. Hasta ahí todo bien. Aunque Parra ya aparece harto de la cámara. “Con un cheque por 500 mil dólares hay una fuerza motriz, una razón de ser, pero estar hueveando por huevear (...) con el cheque aquí yo me paro de cabeza”, dice en una secuencia el poeta.

Llegan los abogados

Fue en 2009, cuando las cosas toman otro color.

“Un mes antes del lanzamiento, yo estaba negociando con TVN, aún no le había pasado la copia a Nicanor para que la viera. Pero sí a Augusto Góngora, y Góngora no sé por qué antes de hablar conmigo va donde Nicanor y Colombina y les dice que por qué Nicanor iba a salir hablando sobre Pinochet. Al otro día Colombina llamó a la productora y le dijo ‘la película no va, hay que cortar esa y otras partes’”, relata Jiménez.

El director tiene su ego. Y dice que no, que no va a cortar nada. Entonces Colombina Parra, quién tiene un videoclip con una de sus canciones en la película, contrata a Esteban Ovalle, entonces abogado del estudio Carey. En tanto, Jiménez se asesora con Claudio Magliona.

“Los argumentos eran que yo había cometido un delito penal y mi abogado defendía mis derechos de autor”, dice Jiménez.

En las reuniones, las posturas siguen irreconciliables. “Colombina decía que yo lo había engañado, lo que me parecía surreal, alucinante, después de que ella estuvo durante el proceso”, señala el cineasta.

La “traición” familiar

Una semana antes del estreno, Víctor Jiménez recibe una llamada de uno de sus auspiciadores, el más importante. La noticia que le tiene no es tan mala como sorprendente.

Aparte de la secuencia sobre Pinochet, quedan fuera las partes donde Parra define a los empresarios: ‘Son los nuevos dandys y el que no es empresario...’, dice Parra y hace un gesto como de tirarse un peo”.

Mario Navarro, su cuñado, ha mandado una carta a “El Mercurio” diciendo que Víctor Jiménez le ha robado el proyecto. La carta es una declaración de guerra y el auspiciador no quiere escándalo. Según el realizador Cristián Zegers, el director del diario va a publicar la carta, el conflicto entre las partes le da lo mismo.

“Hasta que otra persona le mandó una carta a Zegers diciendo que me conocía, que eso no era cierto”, cuenta Jiménez.

En Argentina, cuando estaba haciendo las copias, Jiménez recibe un llamado. “Era mi abogado diciendo ‘te acabo de mandar lo que tienes que sacar, si no la sangre va a llegar al río. Sácalo son sólo dos minutos de 72′. Le metí tijera al positivo”, admite Jiménez.

Con todo, la reacción de Nicanor tras el estreno es positiva. “Me dijo, te felicito por tu tenacidad, aunque luego dijo hasta la mala publicidad es buena publicidad, y luego en The Clinic dijo que estaba molesto”, afirma Jiménez.

Ahora, desde diciembre de 2011, está disponible la versión completa de la película en el DVD en venta en librerías. La familia de Parra no ha reaccionado aún. Como “extras” trae los discursos completos de la Feria del Libro 1998 y una entrevista al filólogo, especialista en Parra, César Cuadra.
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