domingo, 20 de enero de 2013

La Niñas Perdida En La Pinalería

En tiempo antiguo la pinaleria de Cauñicu era muy respetada por la gente de aquel tiempo. Por eso cada año se hacia el guillatún en dicho lugar, para agradecer a dios y pedir por la abundancia de piñones.

Según contó un anciano de la comunidad de Cauñicu, en tiempos pasados un anciano matrimonio con su joven hija sin hallar que comer decidieron ir a la pinaleria, era el tiempo de la salida del invierno cuando todo escaseaba.

Cuando llegaron al lugar vieron que eran muy escasos los piñones. Tuvieron que recorrer mucho para encontrar unos poquitos. Al día siguiente volvieron a salir para otro lado donde hubiese más. Esta vez dejaron a su joven hija en el rancho para que estuviese haciendo el fuego y la comida.

Los dos ancianos regresaron ya entrado el sol. Cuando llegaron al rancho se dieron cuenta que su hija no estaba. Pensaron que había salido a buscar leña o agua. La esperaron un rato por si llegaba. Como no llego, muy preocupados salieron a buscarla llamándola por su nombre. Por su huella la siguieron hasta donde una araucaria grande, donde se le perdió su rastro. Muy luego oscureció y tuvieron que regresar al rancho con mucha pena porque no la habían encontrado.

El anciano esa noche tuvo una visión, donde un joven muy rubio lo había ido a visitar y le decía que no se preocupara de su hija que él la había llevado al volcán Callaqui, su casa, y que se había casado con ella. El anciano muy preocupado le dijo que quería ir donde estaba su hija para verla como estaba.

El joven acepto llevarlo. El anciano fue llevado por un trueno hacia el volcán Callaqui. Antes de entrar en aquel lugar fue muy bien bañado con agua de azufre, porque el dueño del lugar era muy mañoso y no quería que hubiese olor a personas. Al entrar el anciano quedo muy asombrado porque ese lugar era un palacio muy lujoso y vio a su hija que se había convertido en la princesa de aquel lugar.

El anciano le pregunto a su hija acaso iba a volver para su rancho. La hija le respondió que no, porque ella estaba comprometida con el joven rubio para casarse con él. Resignado el anciano tuvo que aceptar. El joven le dijo que a cambio le daría muchos piñones para que comiera junto a su esposa. El anciano fue devuelto de la misma manera que fue llevado y cuando llegó no sabía si acaso había sido un sueño o la realidad y le contó todo lo que había sucedido en aquella noche a su mujer.

Al día siguiente salieron a buscar el lugar que el joven le había indicado. Grande fue su sorpresa al ver que varias cuevas estaban llenas de piñones. Contentos los dos ancianos sacaron unos pocos y dejaron todo tal como estaba. Aquel lugar actualmente se llama dollünko.
José Eleuterio Naupa
Cauñicu 2005
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