domingo, 12 de febrero de 2012

Concepción, La Capital Cultural De Los Choferes De Micro... Por Luis Fraczinet

Me gusta la infinidad de formas en que podemos ver la ciudad, en eso se basa la percepción, según la mente en que habita podemos amar u odiar el entorno, y, aunque todos disfrutamos de la misma cantidad de sentimientos, éstos solo salen a respirar un poco al exterior dependiendo de nuestras experiencias. Como soy medio pobretón, me encuentro con la dulce condena de subirme a una micro o colectivo y son ellos mi punto de comparación de cómo la cultura impacta realmente en la sociedad.

Ciertamente el entorno afecta para bien o para mal el comportamiento de los habitantes, y dejando el genotipo potencial de lado, el ambiente sociocultural en el que sobrevivimos se expresa plenamente y, a veces de forma exagerada, en estos personajes de 4 ruedas casi como un termómetro. ¿Recuerdan cuando los tenistas ganaron oro en las olimpíadas? Fueron días placenteros, donde todo el mundo se saludaba, incluso los choferes de micro; y para el terremoto se demostró la solidaridad, porque aunque las micros iban llenas igual seguían recogiendo personas. Pero son “eventos”.

Apartando los eventos sociales que exaltan estados de ánimo, nos quedamos con nuestra formación, nuestras experiencias y nuestras costumbres. Y los choferes de micro practican el lenguaje alternativo… ellos no se detienen, PARAN; ellos no avanzan, ACELERAN; no se estacionan, LE GANAN EL PUESTO A OTRO. Si ven a Carabineros cumplen con las leyes, para ellos el Paso de Cebra sólo lo ven cuando hay que renovar la licencia de conducir y cada vez que aceleran o frenan estamos saludando al público presente por las ventanillas con una reverencia a la tortícolis.

¿Generalizo? ¿Me quejo mucho? Filosofía de cocina: “El chileno nació quejándose” (Firulete).

Como dije, en ellos está reflejada la sociedad, te llevan al trabajo con un estado de ánimo y te devuelven patológicamente con otro.

La Fórmula en genética es Fenotipo = Genotipo + Ambiente. Es decir, mostramos nuestras capacidades modificadas por el entorno. Cuando se dice “Concepción, Capital Cultural de Chile” o más humildemente, “...Del Sur de Chile” no es más que hipocresía o la simpleza del argumento para practicar el centralismo local, a veces solo útil como elemento curricular de algún artista.

Siempre he pensado que Los Ángeles, Chillán, Lebu o cualquier Capital Provincial, vive y se nutre de los habitantes de las comunas aledañas y Concepción actúa de igual forma con la región. Concepción es un centro de diversidad y se nutre de las cientos de identidades que existen en la Región de Bio Bío. Pero no por ello el desarrollo cultural de la ciudad es un collage de identidades, más aún se crea una identidad que se basa en esta gran diversidad de habitantes y debe ser conducida hacia un bienestar común... Esta identidad que nos vincula a la ciudad, debe buscar el bien común, no comprendo otra forma de entendernos como sociedad.

Es un sueño creer que el desarrollo cultural de Concepción (visto por la cantidad de eventos o actividades culturales que se desarrollan o que se exportan a las demás comunas) tenga un efecto en la comunidad, la que debería disfrutar y enriquecerse de ellas, más aún, cuando veo por la ventana desde este café hacia la calle que los(as) conductores(as) de autos (cuyos modelos quisiera ver estacionado en mi casa) no son capaces de respetar el paso de peatones (“preferencia peatones”), o cuando se estacionan en doble fila, o cuando me tocó presenciar como una niña de unos 12 años fue arrojada del autobús cuando este marchaba con la puerta abierta.

Todos somos choferes de micro y todos somos peatones imprudentes y es aquí donde el desarrollo económico de una ciudad no es el reponsable de modificar nuestra conducta. Es el desarrollo cultural el que debe fomentar el respeto entre nosotros y el enriquecimiento por lo nuestro.
¿De qué me sirve tanta ópera y concierto si la misma señora que se sentó al lado mío, al terminar el “show” me echó el auto encima?

La única conducta humana que el mercado regula a destajo, es la del consumismo. Habría que hacer un lavado de cerebro a la ciudad que nutrimos para que la cantidad de recursos utilizados y gastados en cultura funcionen (por que en cultura los recursos son un gasto y no una inversión). Pero aquí hay un elemento clave en la cultura penquista. La municipalidad no gestiona ni promueve cultura, lo más cercano en esta institución a una política cultural es lo que desarrolla la oficina de jóvenes.

La Municipalidad de Concepción ha entregado a los privados la gestión de la cultura en la ciudad. Producto de ello hay un élite cultural que vive de la empresa y responde a ellos cuando “hacen cultura”. Por ende, la cultura en Concepción no se desarrolla con fines sociales, sino que se desarrollan con la exaltación de valores estilizadamente artísticos que se ejecutan con criterios del mundo privado. No me molesta aquello... después de todo la plata es de ellos, y por lo mismo tampoco puedo pedirles que en su trabajo de fomento a la cultura (artística) existan elementos que fomenten el desarrollo de la sociedad. Con palabras bien simples: EL CUADRO ES BONITO... PERO ES INÚTIL.

Me gustan las “fiestas de la alegría” que aparecieron hace algún tiempo, un hermoso producto cultural, pero las necesitamos todas las semanas, me gustan las iniciativas solidarias creadas por los dirigentes vecinales, pero son agotadoras para quienes las organizan y más cuando no hay recursos para hacerlas. Hay bellos elementos que se desarrollan lejos del ámbito noticioso y que, a nivel local, son una fuente de vida o de reactivación social, pero no los vemos ni podemos tomarlos como ejemplo... o al menos comparar esas experiencias con las que desarrollamos en nuestros propios barrios. Necesariamente debemos mejorar nuestra comunicación.

Mientras tanto no me queda más que destacar el enorme desfase que hay entre la actividad cultural y el impacto que debería tener en la sociedad, donde se vive de proyecto en proyecto con un enorme esfuerzo en la producción, pero el resultado en la audiencia (nuestros consumidores de cultura) es menor a lo programado y el impacto es inmedible o subjetivamente valorado.

Los artistas y gestores culturales sabemos qué cultura queremos desarrollar, somos dueños de nuestra técnica, de la prosa, del color, del tono, de la forma en que debe hacerse. Pero somos inútiles cuando de impacto social se trata. ¿puedes tú darme una crítica teatral? ¿un análisis del cuadro? ¿un resumen emocional del poema? ¿tu apreciación sobre la escultura? ¿Puedes tú con tu arte modificar la conducta hacia el bien común? Mejor aún: ¿Puedes canalizar las inquietudes hacia una mayor valoración de nuestras riquezas? ¿podemos hacer impacto social?

Los Artistas somos dueños de nuestro arte, pero no somos responsables de nuestro impacto. El arte por el arte no sirve a la comunidad... el arte por el arte solo sirve a fomentar el individualismo, y en esta ciudad, como en otras tantas, estamos rodeados de los efectos negativos del individualismo.

Lo que vivimos es producto de lo que las administraciones municipales están acostumbrados ejecutar... La Política del Eventismo, la misma que los artistas bilipendeamos cuando hay que hacer algún show. De ésto... BASTA!

Relájense... ésto es pura poesía... Y al que le duela la guata, también vendemos agüita de hierbas.

Luis Fraczinet
Gestor Cultural
Poeta Cesante
Filósofo de Cocina
Especialista en Sacrificios Mayas
Publicar un comentario en la entrada