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Volverán Las Oscuras Golondrinas... de Gustavo Adolfo Bécquer

 Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres….
ésas… ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.

Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día….
ésas… ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…, desengáñate,
así… ¡no te querrán!

En Tierras Blancas de Sed… Por Gabriela Mistral

En tierras blancas de sed

partidas de abrasamiento,

los Cristos llamados cactus

vigilan desde lo eterno.

 

Soledades, soledades,

desatados peladeros.

La tierra crispada y seca

se aparea con sus muertos,

y el espino y el espino

braceando su desespero,

y el chañar cociendo el fruto

al sol que se lo arde entero.

 

Y en el altozano y en

las quebradas, como aperos

tirados como tendal,

tumbados de buhoneros,

aldeas y caseríos

llenos de roña y misterio.

 

Locos repechos, bajadas

como para niño y ciervo,

pero apenas un boecillo

de pastos de trecho en trecho

y caseríos callados

a medio alzarse, de miedo,

bajo el viento que los lleva

y que los suelta en dos tiempos.

 

Y otras tierras desolladas

en Bartolomé inmensos,

de un costado desangradas,

del otro en tendido incendio.

Y otra y otra vez aldeas

acurrucadas, friolentas,

con techo de paja y

huyendo y permaneciendo.

 

Tienen sed el cabrero

el olivillo y la salvia,

el pasto de cortos dedos

y el cuarzo y el cuellecillo

de muchachito y el ciervo.

Miseria de higuera sola

azuleando higos cenceños

y de tunal en que araña

a tientas un rapazuelo

y de mujeres que vuelcan

las “gamelas” y los tiestos

y el umbral empedernido:

toda la Tierra y el cielo.

 

Claman ¡agua!, silabean

¡agua! durmiendo o despiertos.

La desvarían tumbados

o en pie, con substancia y miembros.

Y agua que les van a dar a

los tres entes pasajeros

con garganta que nos arde

y los costados resecos.

 

Cruzamos, pasamos, blancos

de puna y de polvo suelto,

del resuello de la Gea

y el sol blanco de ojo ciego

y repetimos los tres

callando, de pecho adentro;

Agua de Dios, un cadejo

de nube, un hilillo fresco.

 

El agua en sorbo o en hebra,

sonando su silabeo,

merced al hilo de agua

delgada, piedad de estero,

mejor que el oro y la plata

y el amor dado y devuelto.

 

No se me doble el huemul

al que le blanquea el belfo

y no me mire el diaguita

que me rompe su deseo.

Un poco más y ella salta

con sus ojos azulencos

y van a beber de bruces

con rizadas de contento

más doblados que sus cuellos

iguales en ciervo y ciervo.

 

Se áran, o siguen y arden,

callan y laten enteros;

y el soplo que yo les doy

no les vale, de ser fuego…

 

Apunta si el “ojo de agua”,

ya en lo bajo del faldeo;

yo no sé, no, si es verdad

o mentira del deseo.

Está redondo y perfecto,

está en anillo pequeño;

brilla pequeñito y quieto

con dos párpados de hierba

y el ojo a nosotros vuelto

asombrado de si mismo,

sin voz, pero con destello

milagro tardio y cierto.

 

¡Cómo beben, cómo beben

que yo les oigo los cuellos!

Y bebiendo son iguales

el con belfo y el sin belfo.

La lenguecilla rosada

apura su terciopelo

y el niño bebió con toda

su cara que tomo y seco.

 

De su libro Poema de Chile, 1967. Editado en Barcelona.

Ayer y Hoy... De Domingo Arteaga Alemparte



Domingo Arteaga Alemparte nació en Concepción en 1835, hizo estudios de humanidades en el Instituto Nacional de Santiago, pero en 1851 debió interrumpirlos para acompañar a su padre al Perú. No regreso a Chile hasta 1857. En 1859 inició, en compañía de su hermano Justo, la publicación “La Semana”, donde publicó la mayor parte de sus composiciones poéticas.

 

En 1860 fue nombrado jefe de sección en el Ministerio de Relaciones, y en 1864 pasó a ser oficial mayor (subsecretario). En 1867, elegido diputado, abandonó la carrera administrativa. En “La Libertad”, diario fundado por su hermano Justo, escribió asiduamente con el seudónimo Juan de las Viña. 

 

En 1857 fue llevado a dirigir el Banco Agrícola en calidad de gerente, cargo que desempeñó hasta su muerte.La Universidad de Chile le hizo miembro de su Facultad de Filosofía y Humanidades en reemplazo de don José Joaquín Vallejo.

 

Murió en Santiago el 14 de abril de 1880. 

 

Ayer y Hoy

 

En la muerte de una niña

 

Quizá ayer cuando las flores

mirabas de tu ventana,

pensaste que sus colores,

su perfume y sus primores

no vivirían mañana;

 

más no pensaste, ¡confiada!,

que eras tú una flor también,

y que a la nueva alborada

no latiría tu sien,

ni ardería tu mirada.

 

¡Tocadla! Tan sólo acaso

duerme un sueño pasajero,

y ese ángel es el lucero

que desaparece en su ocaso

y a lucir vuelve altanero.

 

¡Ay! ¡No! ¡Cual humo sutil

que el ardido aroma exhala,

fuése la niña gentil!

– Ayer tanta risa y gala,

hoy blanco, helado marfíl.

 

Un día lleva a otro día

hojas secas, cuerpos yertos,

y al tocar a su agonía

el de ayer al de hoy se fía

para que entierre sus muertos.

 

Y en el calvario, que sella

las puertas de la existencia,

desaparece toda huella,

apágase toda estrella,

extínguese toda ciencia.

 

En taciturna tristeza

se envuelve así el pensamiento,

cuando mide con certeza

lo que dura la belleza,

lo que vive el sentimiento.

 

Cual tenue idea que en vano

pide a la lengua expresión;

como en el aire liviano

el hálito del verano

disipa alegre canción,

 

así perece la infancia

y la blanca juventud,

del patricio la arrogancia,

del patriota la constancia,

y la voz de la virtud.

 

Así se van los amores,

así se van las caricias,

de la pasión los ardores,

y sus fugaces delicias

y sus cálidos dolores.

 

Mas ese raudo turbión

que abisma en un cementerio

toda forma y toda acción,

no arrastra todo el misterio

del hombre y de su misión.

 

Alma cobarde, que estrellas

en la materia tu vuelo

y sólo hallas en el suelo

de tu camino las huellas,

la causa de desvelo,

 

aspira más pura esencia,

alienta ambición más noble:

y cernerse en la eminencia

verás una luz inmoble,

blanca, eterna: ¡Es la conciencia!

El Mundo Pertenece A Quien Se Atreve

Charles Chaplin y Edna Purviance



El Mundo Pertenece A Quien Se Atreve



¡Vive!


Ya perdoné errores casi imperdonables.


Traté de sustituir personas insustituibles,

de olvidar personas inolvidables.


Ya hice cosas por impulso.


Ya me decepcioné con algunas personas,


mas también yo decepcioné a alguien.


Ya abracé para proteger.


Ya me  reí cuando no podía.


Ya hice amigos eternos.


Ya amé y fui amado pero también fui rechazado.


Ya fui amado y no supe amar.


Ya grité y salté de felicidad.


Ya viví de amor e hice juramentos eternos,


pero también los he roto y muchos.


Ya lloré escuchando música y viendo fotos.


Ya llamé sólo para escuchar una voz.


Ya me enamoré por una sonrisa.


Ya pensé que iba a morir de tanta nostalgia y…


Tuve miedo de perder a alguien especial


y terminé perdiéndolo


¡pero sobreviví!


¡y todavía vivo!


No paso por la vida


y tú tampoco deberías sólo pasar… ¡Vive!


Bueno es ir a la lucha con determinación


abrazar la vida y vivir con pasión.


Perder con clase y vencer con osadía,


porque el mundo pertenece a quien se atreve


y la vida es mucho más para ser insignificante.”


—Charles Chaplin—

Almas Y Corazones Con Dolor Soneto De Dante Alighieri


Transcurridos bastantes días para que se cumplieran nueve años tras la supradicha aparición de la gentilísima criatura, aconteció que la admirable mujer aparecióseme vestida con blanquísimo indumento, entre dos gentiles mujeres de mucha mayor edad. Y, al entrar en una calle, volvió los ojos hacia donde yo, temeroso, me encontraba, y con indecible amabilidad, que ya habrá recompensado el Cielo, me saludó tan expresivamente, que entonces creíame transportado a los últimos linderos de la felicidad. 

 

La hora en que me llegó su dulcísimo saludo fue precisamente la nona de aquel día, y como se trataba de la primera vez en que sonaban sus palabras para llegar a mis oídos, embargóme tan dulce emoción, que apartéme, como embriagado, de las gentes, apelé a la soledad de mi estancia y púseme a pensar en aquella muy galana mujer. 

 

Pensando en ella se apoderó de mí un suave sueño, en el que me sobrevino una visión maravillosa, pues parecíame ver en mi estancia una nubecilla de color de fuego, en cuyo interior percibía la figura de un varón que infundía terror a quien lo mirase, aunque mostrábase tan risueño, que era cosa extraña. Entre otras muchas palabras que no pude entender, díjome éstas, que entendí: Ego dominum tuus. Entre sus brazos parecíame ver una persona dormida, casi desnuda, sólo cubierta por un rojizo cendal, y, mirando más atentamente, advertí que era la mujer que constituía mi bien, la que el día antes se había dignado saludarme. Y parecióme que el varón en una de sus manos, sostenía algo que intensamente ardía, así como que pronunciaba estas palabras: Vide cor tuum. Al cabo de cierto tiempo me pareció que despertaba la durmiente y, no sin esfuerzo de ingenio, hacíale comer lo que en la mano ardía, cosa que ella se comía con escrúpulo. A no tardar, la alegría del extraño personaje se trocaba en muy amargo llanto. Y así, llorando, sujetaba más a la mujer entre sus brazos, y diríase que se remontaba hacia el cielo. Tan gran angustia me aquejó por ello que no pude mantener mi frágil sueño, el cual se interrumpió, quedando yo desvelado. 

 

Y a la sazón, dándome a pensar, noté que la hora en que se me presentó la visión era la cuarta de la noche y, por ende, la primera de las nueve últimas horas de la noche. Y, meditando sobre la aparición, decidí comunicarlo a muchos renombrados trovadores de entonces. Como quiera que yo me hubiese ejercitado en el arte de rimar, acordé componer un soneto, en el cual, tras saludar a todos los devotos de Amor, rogaríales que juzgasen mi visión, que yo les habría descrito. Y seguidamente puse mano a este soneto, que comienza: «Almas y corazones con dolor.» 

 

Almas y corazones con dolor, 

a quienes llega mi decir presente 

(y cada cual responda lo que siente), 

salud en su señor, que es el Amor. 

 

Las estrellas tenían resplandor 

el más adamantino y más potente 

cuando adivino el Amor 

súbitamente en forma tal 

que me llenó de horror. 

 

Parecíame alegre Amor 

llevando mi corazón y 

el cuerpo de mi amada 

cubierto con un lienzo y dormitando. 

 

La despertó mi corazón, sangrando, 

dio como nutrición a mi adorada. 

Después le vi marcharse sollozando. 

Oye Lucas, ¿Tú Crees Que Sea Útil Ser Poeta?

 


– Oye Lucas, ¿Tú crees que sea útil ser poeta?

 

– Claro que sí, Chaparrón, si no, ¿Qué pretexto vas a encontrar para morirte de hambre?

 

– Sí, pero yo quiero decir: ¿Tú crees que si hubiera más poetas la gente avanzaría con más seguridad por la vida?

 

– No, Chaparrón, para avanzar con más seguridad lo que hace falta es sincronizar los semáforos

 

– Estás en lo cierto, pero de cualquier manera para algo deben servir los poetas…

 

– Bueno, yo los utilizaría para disolver manifestaciones.

 

– ¿Para disolver manifestaciones?

 

– Sí. Chaparrón, ¿No te has fijado en cómo se desbarata una reunión en cuanto alguien se para a declamar un poema?

 

– Estás en lo cierto.

 

– Además, en esta época, ¿A quién le interesa que la luna sea blanca?

 

– A los del Ku Klux Klan.

 

– No, pero yo estoy hablando de gente no de animales. [..] Pero de cualquier manera tú no debes darte por vencido. Acuérdate que los poetas no son los únicos seres inútiles que existen en el mundo. También hay abogados, economistas, críticos de teatro, empresarios de boxeo; con el agravante de que el abogado te manda a la cárcel, el economista te manda a la bancarrota, el crítico de teatro te manda a la televisión y el empresario de boxeo te manda al manicomio, si no es que al cementerio. En cambio, los poetas a lo que más que pueden mandarte es al diccionario para que averigües qué fue lo que quisieron decir.

 

Los Chifladitos, 1992

 

Tomado del muro de Marcos Carbajal 

No Entres Dócil En Esa Buena Noche… Por Dylan Thomas

No Entres Dócil En Esa Buena Noche… Por Dylan Thomas




Traducción: J.S.B.


No entres dócil en esa buena noche,

La vejez debería arder y delirar al final del día;

Rabia, rabia contra el ocaso de la luz.


Los sabios, ante el fin, saben que está bien la oscuridad,

Porque sus palabras no lograron abrirla con un rayo,

No entres dócil en esa buena noche.


Hombre bueno, que lagrimea aún el brillo de la última ola

Tus frágiles andanzas danzan en una bahía verde,

Rabia, rabia contra el ocaso de la luz.


Hombre bárbaro que atrapaste el sol en vuelo y lo cantaste,

Y aprendiste muy tarde y lo fuiste lamentando en el camino,

No entres dócil en esa buena noche.


Hombre grave, cercano a la muerte, ante su cegador panorama

Cuyos ojos ciegos arden como meteoros alegres,

Rabia, rabia contra el ocaso de la luz.


Y tú, mi padre, que estás ya en la triste altura,

Maldice y bendíceme con tus lágrimas feroces, te lo ruego.

No entres dócil en esa buena noche.

Rabia, rabia contra el ocaso de la luz.


 


DO NOT GO GENTLE INTO THAT GOOD NIGHT


Dylan Thomas


Do not go gentle into that good night,

Old age should burn and rave at close of day;

Rage, rage against the dying of the light.


Though wise men at their end know dark is right,

Because their words had forked no lightning they

Do not go gentle into that good night.



Good men, the last wave by, crying how bright

Their frail deeds might have danced in a green bay,

Rage, rage against the dying of the light.


Wild men who caught and sang the sun in flight,

And learn, too late, they grieved it on its way,

Do not go gentle into that good night.


Grave men, near death, who see with blinding sight

Blind eyes could blaze like meteors and be gay,

Rage, rage against the dying of the light.


And you, my father, there on the sad height,

Curse, bless, me now with your fierce tears, I pray.

Do not go gentle into that good night.

Rage, rage against the dying of the light.