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Un Puto Día De Estos... Por Jon Kokura




Por Jon Kokura.

 

Hoy me echaron del trabajo por viejo y enfermo. Hace rato que tenían ganas de echarme, lo hicieron hoy. No sé hasta cuando voy a tirar con la plata de la indemnización por despido, creo que hasta que deje de pagar el alquiler del cuarto donde vivo. Después de eso, chau.

 

Me había acostumbrado a este lugar, sólo por los atardeceres y ella. La mujer que trabaja en la librería de la esquina. De tanto ir a comprar cualquier cosa aprendí su nombre; Melissa. Suena como susurro de campos de algodón.

 

Es bella, para mí la mujer más bella del mundo. Es encantadoramente dulce y cuando me mira sus grandes ojos negros cruzan mis pupilas como niños corriendo.

 

Por ella, este cuarto de porquería donde vivo es un palacio. Me gusta mirarla desde mi ventana cuando sale del trabajo. Enciendo un cigarrillo y al tercer pucho ella sale.

 

Hay un tipo que la espera todas las tardes. Conduce un Volvo último modelo, el sujeto tiene plata y sabe de autos. Los gélidos suecos hacen buenos autos, es las pocas cosas que saben hacer.

 

Nunca, ninguna vez el tipo se ha bajado a abrirle la puerta del auto a Melissa. Ni con luna, ni con sol. Se queda apernado al asiento como un imbécil. Ella sube al auto, le da un beso, a veces el tipo ni la mira. Y se van. Y yo los sigo mirando con todas mis miserias.

 

Hoy me echaron del trabajo, se veía venir, mis dedos agarrotados por la artrosis dejaban caer cosas. Veré hasta donde llego… 

 

Pero un día, un puto día de estos voy a bajar a la calle y al infeliz del Volvo le pondré en la cabeza el 38′ que tengo para despacharme de este mundo. 

 

Le voy a pedir gentilmente que se baje del auto y le abra la puerta a la dama como un caballero.

 

Eso haré, un puto día de estos.

Un disparo de Nievi

UN DISPARO DE NIEVI.


Sí por esas cosas de la vida su enamorado o enamorada le dedica estos versos del célebre cantautor cubano Silvio Rodríguez:
"Ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta. Ojalá pase algo que te borre de
 pronto, una luz cegadora, un disparo de Nievi".

Créame que su enamorado/a no lo quiere demasiado. "Un disparo de Nievi" es un certero corchazo entre ceja y ceja, que eventualmente lo mandaría a usted derechito al jardín de los callados. Y eso no es amor, más bien huele a despecho ¿no?

Nievi era el apodo de Vassili Grigórievich Záitsev un francotirador ruso que la rompió en la 2da Guerra Mundial. De hecho se cansó de matar oficiales del ejército nazi en Stalingrado entre 1942-1943. Despachó al infierno a 242 "adolfitos juniors" y 11 francotiradores de elite nazis, enviados precisamente a matar a Nievi.
Inspirada en él se hizo la película "Enemigo al Acecho" estrenada el 2001.

En la versión original de la canción "Ojalá" (Album; Al final de este viaje 1978) se escucha claramente "Un disparo de Nievi" y no un disparo de nieve, como cantarían el tema de Silvio años después.

Un disparo de nieve no mata a nadie, pruebe con meterle una bala de nieve a una pistola y verá como se derrite antes de disparar.

"Ojalá se te acabe la mirada constante,
 la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
 Ojalá pase algo que te borre de pronto,
 una luz cegadora, un disparo de Nievi.
 Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
 para no verte tanto, para no verte siempre 
 en todas las visiones.
 Ojalá que no pueda tocarte ni en canciones".

Esta es una canción de desamor por donde se la mire, cuídese de un amor despechado.

Sobre todo si tiene buena puntería.
Sí algo lo puede borrar de pronto de su zona de confort, es un disparo de Nievi.

En las imágenes Vassili Grigórievich Záitsev "Nievi" (1915-1991) Héroe del Ejército Rojo.


Qatar 2022, El Mundial Maldito

Autor: Jon Kokura

"Lo que mal comienza, mal termina" decía mi abuelita, que era sabia y muy bonita. Hace 12 años, en diciembre del 2010. Joseph Blatter, presidente de la FIFA en aquellos años anunciaba que el mundial 2022 se iba a jugar en Qatar.

Los únicos que saltaron de sus asientos felices como lombrices fueron los integrantes de la familia Al Thani. Son los amos y señores de Qatar.

Este pequeño territorio metido en el Golfo Pérsico, con una sola frontera terrestre, con Arabía Saudita, con la que se llevan bastante mal. Qatar está sentado sobre la tercera reserva de gas y petróleo del mundo. Su población es de 250.000 cataríes. Y 2.750.000 trabajadores inmigrantes... Sí, el 80% de la población son extranjeros.

En Qatar la palabra democracia es un chiste de mal gusto. Allí, la que corta el queso es la familia real Al Thani. Y el jeque Tamim Bin Hamad Al Thani de 42 pirulos y tres bellas esposas... por el momento.
Como son los dueños de Qatar, su patrimonio ronda los 350.000 millones de dólares. Y como ya no saben que hacer con tantos petro dólares, aparte de construir fastuosos edificios, al cuete en el desierto. Y comprar clubes de fútbol, el PSG entre otros.

Alguien les sugirió que financiaran las ONG que trabajan alimentando a los niños hambrientos del mundo... pero no le dieron pelota. Un día los hombres de la familia Al Thani (las mujeres no puden decir ni pío) dijeron: "¿Y si compramos el mundial de fútbol 2022?" "¡Dale!" contestaron todos... Y compraron un mundial de fútbol.

Les salió barato. Le pagaron un millón de dólares a ciertos delegados de la Concacaf (Centroamérica) Un millón y medio a otros de la Conmebol (Sudamérica) Un par de millones por aquí y otro más allá... Dicen que el crack del fútbol francés Michel Platini, que se las daba de virgen, casto y puro, cobró 7,5 millones de dólares. Y el capo di tutti capo, el argentino Julio Grondona (fallecido el 2014) se embolsó 10 palos verdes por dar el sí a Qatar 2022.

De inmediato la realeza catarí se puso manos a la obra. Tenían que construir estadios de fútbol, en un "país" donde nadie jugaba al fútbol. El proyecto original era de 12 estadios. Quedaron en 8 uno de ellos desmontable, que van a "donar" a algún país donde sí se juegue al fútbol. Si usted, tiene en su barrio, una canchita rasca y piñinienta, escríbale al Emir de Qatar ¿quién sabe? por ahí, le regalan el estadio desmontable.

El asunto fue que para construir los 8 estadios, hoteles, aeropuerto, autopista, centro comerciales, necesitaron mano de obra barata, muy barata... y eso que están podridos en dólares. Y llevaron trabajadores inmigrantes al por mayor. En un sistema de esclavitud llamado "Kafala" y que consiste en darle todo el poder a un administrador (negrero) para que contrate inmigrantes, los explote reteniéndole los pasaportes. Haciéndolos vivir hacinados y con horarios de trabajo de hasta 18 horas por día. Sin derecho a pataleo, y mucho menos a cambiar de empleo.

Sin este sistema perverso, construir lo que se construyó en Qatar, con temperaturas que varían de 30° a 50° a la sombra era imposible. Desde el 2010 murió en las faenas un promedio de 12 obreros por semana. Un total de 6.751 trabajadores inmigrantes murieron para que usted; "¡Viva el fútbol!"

Esto, sin contar los obreros de Kenia y Filipinas, donde no se llevan registros migratorios. Las cifras de muertos aportadas por informes de The Guardian, la BBC (Inglaterra) y Amnistía Internacional son las siguientes: India 2711... Nepal 1641... Bangladesh 1018... Pakistán 824... Sri Lanka 557.

Se construyeron 8 estadios espectaculares, pero manchados de sangre. Están tan cerquita el uno del otro, que si usted es bueno pa' andar en bicicleta los recorre todos, en poco más de un medio día.
Hace poco, en Irán, una mujer de 22 años, Mahsa Amini murió en manos de la policía por usar "mal el velo". Esto causó una ola de protesta en Irán y el mundo entero.

Como si en Qatar las mujeres se pudieran vestir como se les canta los ovarios. Como si tuvieran derecho a decidir por si mismas. Como si pudieran jugar al fúbol. El lado femenino de la FIFA crece día a día. Las ligas de fútbol femenino son cada vez más populares. Pero el mundial 2022 se va hacer en un territorio, donde las mujeres tienen prohibido practicar deporte. Entre otras muchas cosas.

En Qatar, sobre la periodista mexicana Paola Schietekat, que trabajaba para el mundial, pesa una condena de siete años de prisión, más cien latigazos, con fecha 19 de febrero 2022. Por haber denunciado a un colega colombiano que la violó en territorio catarí. El violador era casado, entonces la mujer violada es la culpable. Según "la shaira" ley islámica que "controla" a las mujeres.

Un mes va durar el mundial 2022.

30 días en que las usinas cataríes estarán funcionando a full para mantener el aire acondicionado en los 8 estadios, hoteles, centros turísticos y comerciales. Arrojando al aire humo contaminante, equivalente a diez mil autos tirando smog sin filtro por hora. Todo sea por la fiesta del fútbol... Porque el deporte es salud ¿vio?

Pero hay una sombra más siniestra sobre Qatar 2022. La posibilidad latente de atentados terroristas.
Los musulmanes, no olvida, ni perdonan... aunque digan que sí. La familia real de Qatar a financiado a oscuras facciones terroristas en Siria, Irak, Afganistán y Libia. En Libia financiaron a los terroristas que asesinaron al líder Muamar el Gadafi en octubre de 2011. ¿Por qué no van a arruinarle "la fiesta" a la realeza pro yankee catarí?

De esto nadie habla... Todos cruzan los dedos, rogando que ningún musulmán suicida se haga el mártir, volándose en medio de un montón de gente. Como ocurrió el 2021 en el Aeropuerto de Kabul.

En Europa, al mundial de Qatar le llaman: "El mundial de la vergüenza". Hay una movida en ciudades francesas para no poner pantallas gigantes en lugares públicos en París, Marsella, Burdeos, Estrasburgo, Lille, etc. Es una forma de protesta por un mundial de fútbol que se llevó la vida y sueños de miles de trabajadores inmigrantes, que no le importaron a nadie. Por 8 estadios fastuosos. Que durante 30 días estarán repletos de hinchas. Y vacíos, por toda la eternidad. Por un capricho de la familia Al Thani, que el 2010 compró un mundial de fútbol.

En un mundo en crisis. Con millones de desplazados por hambre y con hambre. En el vértice de una guerra nuclear.

¡Viva el fútbol!

Cuando El Odio y La Violencia Impera, La Maldad Muestra Su Peor Cara


El jueves 8 de junio de 1972, unos niños jugaban afuera de un templo en un pueblo en Vietnam. De pronto, desde el cielo vino la muerte. Una cuadrilla de F-4 Phantom, aviones de guerra del ejército invasor yankee arrojó sobre la apacible aldea de Trang Bang decenas de bombas incendiarias. 

Una niña llamada Kim Phúc (Amanecer Dorado) quedó paralizada de terror. Y en esos segundos que se tardó en correr, la onda de calor infernal del napalm le quemó la ropa y le derritió la piel. La niña se arrancó la ropa que ardía sobre ella y aterrada, sufriendo lo indecible corrió junto a otros niños por el camino que llevaba a su aldea. 

Huynh Cong Ut tenía 21 años, y desde los 17 venía fotografiando el horror en Vietnam. Esa mañana de junio salió en su camioneta rumbo a Trang Bang. Le habían informado que los norteamericanos iba a "rociar la aldea con bombas de napalm". Cuando llegó cinco niños venían corriendo, gritando, llorando hacia él. Detrás de ellos, el infierno. Enfocó su cámara y tomó cuatro fotos. Kim Phúc pasó junto a él gritando "¡Me quema!" "¡Me quema!" mientras la piel se le desprendía como grasa derretida. El joven fotógrafo dejó su cámara y vació el agua de su cantimplora sobre el cuerpo de la niña. La cubrió con su chaqueta, la subió a su camioneta y junto a los otros cuatro niños la llevó a un hospital. 

Los médicos en el hospital se negaron a atender a la niña. Pensaron que por la gravedad de las quemaduras nada de lo que hicieran iba a salvarla. Huynh Cong Ut amenazó con denunciarlos si no atendían a la niña... Él le salvó la vida. En la cámara del fotógrafo quedaron registrados cuatro negativos. Uno de ellos, el de "la niña del napalm" se convirtió en el símbolo del horror, de toda la maldad que le es posible al imperio del odio y la violencia. 

En los primeros días los medios se negaron a publicar la foto de la niña vietnamita. No por el horror de la imagen, sino porque Kim Phúc iba corriendo desnuda. La imagen estremeció los corazones de los norteamericanos con sentido de la decencia y humanidad. Al resto de los yankees, no le movió el amperímetro y siguieron siendo las bestias que son y serán por toda la eternidad. 

En 1973 Huynh Cong Ut recibió el Premio Pulitzer por su fotografía. Tiempo después, con la fama obtenida y hastiado de la guerra se cambió el nombre a Nick Ut y se radicó en EEUU donde se dedicó a sacarle fotos a artistas y celebridades, entre otras cosas. 

Kim Phúc, tras decenas de operaciones e injertos de piel salió adelante. Se hizo cristiana a los 19 años y eso la ayudó a perdonar a quienes la quemaron viva, en la humilde aldea donde jugaba de niña. Estudió en Cuba, donde se recibió de médica odontóloga. En Cuba conoció a otro joven vietnamita con el cual se casó y tuvo dos hijos. Ambos pidieron refugio en Canadá, país que les dío la ciudadanía y donde viven hasta el día de hoy. 

Durante años Kim Phúc odío esa foto donde viene corriendo hacia tí, con la piel cayéndole derretida, gritando de dolor, con los brazos abiertos, como un pajarito que no puede volar porque le quemaron las alas. Y que por años odiara esa imagen es del todo comprensible, era una niña, estaba jugando y una bestia le hizo esa atrocidad. Por eso, después de Vietnam el Imperio Norteamericano oculta y censura todos los documentos e imágenes de sus crímenes de guerra... crímenes que siguen cometiendo. Por eso Julián Assange está preso y Edward Snowden permanece refugiado en Rusia. El monstruo no quiere que vean sus monstruosidades. 

Huynh Cong Ut tenía 21 años cuando le tomó esa foto a Kim Phúc que tenía nueve. Los dos eran "niños de la guerra". Kim Phúc había nacido en 1963 en plena invasión yankee... Huynh Cong Ut en 1952 cuando Vietnam luchaba contra el colonialismo francés. Y derrotó a esos dos países. Vietnam hoy lejos está de ser el "país comunista tan temido". El "cuco" contra el cual lucharon los yankees en nombre de los intereses de los dueños de la industria de armamentos. Y por la cual asesinaron a millones de seres humanos. Kim Phúc salvó su vida. ¿Pero cuantos de cientos de miles de niños no pudieron hacerlo...? Nadie lo sabe. Sólo sabemos que eran niños. Y que jugaban como niños.

Por Jon Kokura