Yumbel - La mata de la picardía


Para llegar por tren a Rere, histórico poblado de la región del Bio Bío, es necesario bajarse en el caserío de Buenuraqui, ubicado a 11 kilómetros. Desde allí hay que internarse por un pintoresco y polvoriento camino que sube y baja serpenteando entre los cerros. Poco antes de llegar al pueblo, se encuentra un longevo litre, conocido como Mata de la Picardía. Es común para el viajero escuchar páreme en la mata'e la picardía, al chofer del microbús que, de tarde en tarde, hace el recorrido entre Rere y Buenuraqui.

Mi abuela me contaba que desde tiempos antiguos, muchas carretas se desplazaban a Buenuraqui con enormes pipas llenas de chicha y vino para embarcarlas allí con destino a Concepción y Talcahuano. La partida, como se acostumbra en el campo, era de madrugada. Aún oscuro, los peones alistaban las yuntas y emprendían viaje, formando una caravana que parecía una gorda cuncuna que serpenteaba por el camino cuesta arriba. Cuando ya quedaban atrás las casas del pueblo, los viajeros se detenían junto al viejo litre, para el primer descanso de hombres y bestias.

A orillas del camino buscaban pajitas secas y convencidos que nadie podía verlos se subían sobre las pipas. Sacando el grueso tapón, comenzaban a chupar la fresca savia que las viñas habían dado durante la vendimia, dando rienda suelta a la picardía campesina.


Versión de Luis Espinoza

Yumbel - San Sebastián: Entre lo popular y lo divino


La tranquilidad volvió a Yumbel. Su gente guardará pacientemente hasta el “20 chico”, en marzo, para recibir nuevamente a ese mar humano que fielmente avanza de rodillas para suplicar o agradecer al santito milagroso por algún favor concedido. Así es la fiesta de San Sebastián donde el fervor popular y las tradiciones se mezclan sin recelo, detenidas en el tiempo, haciendo olvidar, aunque sea por algunos momentos, que estamos en pleno siglo XXI.

El día de la celebración, el pueblo amaneció más temprano que de costumbre. Desde la medianoche y cada dos horas la Iglesia ofreció misas a los peregrinos que provenían desde distintos puntos del país para pagar sus mandas. Pero no sólo ellos fueron puntuales, también los vendedores que “religiosamente” llegaron para participar, a su modo, de la festividad. Total, aunque sea pequeña, la imagen de madera de cedro de tan sólo 75 centímetros alcanza para todos.

Desde las primeras horas, los madrugadores se apoderaron de la plaza y en improvisadas colchonetas en el suelo sucumbieron ante los brazos de Morfeo. Ahí niños, hombres y mujeres tapados hasta el cuello descansaron sus cuerpos, antes de ir a saludar al santito. El silencio comenzó a ceder y las calles a inundarse de gente.

Y es que, aunque pocos sepan que San Sebastián era un joven militar romano del siglo III, que sobrevivió a las flechas que le propinaron otros soldados por orden del emperador Dioclesiano y que finalmente murió flagelado por proclamar su fe en Cristo, cada vez llega más gente a venerarlo, familias completas, sobre todo de origen humilde, quizás para pedir un milagro o sólo en busca de esperanzas.

Para demostrar su agradecimiento o para que la petición cobre más valor cada cual elige algún sacrificio. Algunos entregan dinero, otros caminan largas horas, encienden velas hasta la saciedad o llegan de rodillas hasta el altar, ubicado en el campo de oración.

Este último es el caso de Emperatriz Díaz, chilena radicada en Francia, quien antes de partir al viejo continente, hace ya 23 años, prometió que cada vez que estuviera en el país visitaría a San Sebastián. Y así lo ha hecho en tres oportunidades. Esta vez llegó en compañía de su esposo y del menor de sus dos hijos, de ocho años, quienes a pleno sol la ayudaron en su cometido abriéndole paso entre la multitud.
A esta mujer la fe en Dios y en los santos se la inculcó su familia desde que era pequeña, del mismo modo que ella se la ha transmitido a los suyos.

Muy distinto es el caso de Marta (29), quien caminó descalza ocho kilómetros junto a su esposo para renovar una manda. Ella comenzó a creer en el santo sólo hace cuatro años cuando le detectaron una grave enfermedad. Contó que la desesperación la llevó a aferrarse a la religión y aunque aún no se mejora el sólo hecho de confiar en Dios la tranquiliza. Casada hace cinco años y ante la imposibilidad de tener un hijo, ruega para que el santo interceda ante la divinidad y le conceda el milagro que la medicina le ha negado.

Yumbel - Historia de la Imagen de San Sebastián


La historia de la imagen en Chile se remonta a la época de la conquista, ya que los soldados españoles tenían como su patrono a San Sebastián y dónde llegaban procedían a entronizarle. En Chillán nació el culto a este santo mártir y fue con la fundación de esta ciudad cuando los soldados españoles trajeron desde su país la sagrada imagen que hoy se venera en Yumbel. A consecuencia de una de las tantas sublevaciones indígenas, la encabezada por el toqui Butapichón arrasó e incendió la ciudad de Chillán en 1655, debiendo las huestes españolas huir, llevándose la imagen del santo para protegerla y dejarla posteriormente enterrada en las cercanías de la villa de Yumbel, al pie del cerro Centinela.

Los habitantes del lugar la encontraron y dispusieron entonces su veneración, instalándola a partir de esa fecha en diversos lugares del pueblo, hasta que fue ubicada definitivamente en su actual templo.

En la entrada poniente del pueblo se erigió la primera capilla en honor de San Sebastián. Estuvo ubicada en el sector donde hoy se encuentra la ermita de San Sebastián en la plaza Alonso de Sotomayor. Un intento de destruir esta sagrada figura por parte de algunas personas incrédulas y poco piadosas, ocurrido en 1878, marca el inicio de su fama como santo milagroso en la zona y sus alrededores. Estos la dejaron abandonada, semiquemada y enterrada en unas dunas en el sector de lo que hoy se ubica el camino a Monte Aguila. Luego de una minuciosa búsqueda emprendida por los pobladores, fue encontrada, con las muestras del intento de profanación.

De ahí en adelante, comenzó su veneración masiva por parte de los habitantes de la zona, quienes suplicaban al santo mártir protegiera sus siembras de sequías, pestes y toda suerte de calamidades naturales. Desde ahí, se dio comienzo a una devoción de personas no solamente del sector sino de todos los alrededores y el resto del país que acudían hasta el templo de Yumbel. Lo hacían en los medios de la época, a pie, en carretas, posteriormente en vehículos colectivos y particulares y mayoritariamente en los trenes que arribaban del norte y del sur, para solicitar al milagroso santo favores de toda índole.

Su actual ubicación frente a la principal plaza de Yumbel, data desde 1859, cuando fue construido el templo que hoy conocemos después que el devastador terremoto de 1835 destruyera el recinto que cobijaba a la venerada imagen.
A comienzos del siglo XX, el Santuario comienza a adquirir fisonomía de tal, con la habilitación de las primeras instalaciones, como el comedor de peregrinos, galpones donde la parroquia y el santuario ofrecían almuerzos a los devotos y peregrinos, también parte la primera hospedería. 

En el templo santuario se dormía, se comía, se celebraba la misa y se daban los sacramentos. La fiesta concluía con una procesión alrededor de la plaza, mientras que enfrente del templo se instalaban negocios en donde se vendía de todo y la gente, especialmente los campesinos, aprovechaban para abastecer sus casas.

Bajo el obispado de monseñor Alfredo Silva Santiago, la Iglesia permitió la celebración del 20 de marzo, dado que muchos devotos en enero estaban ocupados en sus labores, básicamente campesinas. De esta manera, el número de feligreses aumentó con las dos fiestas y el templo se hizo insuficiente para recibir a tantos peregrinos. Tanto fue así que bajo la administración pastoral del Arzobispo Manuel Sánchez, se concibió la idea de un Campo de Oración, es decir, habilitar un lugar fuera del templo, que fuera más espacioso y libre, para que la gente pudiera tener un momento de interioridad, hacer oración, participar de la misa, recibir los sacramentos y entregar sus ofrendas y mandas, además de agradecer los favores de Dios concedidos por intersección de San Sebastián. Desde ese momento, el Santuario adoptó un carácter mas pastoral, es decir, una oportunidad para anunciar a Jesucristo y convocar la fe en él.

Esta labor prosiguió con los obispos Manuel Santos y Alejandro Goic, cuyo esfuerzo de veinte años trajo sus frutos, dado que la peregrinación tuvo un carácter marcadamente evangelizador y religioso, depurándolo de sus desviaciones o deformaciones. orientándose hacía una preocupación más de fondo en lo referido a la fe y el compromiso católico. Este antiguo Campo de Oración se ubicó en la manzana adyacente al templo santuario, en la esquina de la plaza, en O’Higgins con Castellón. De la misma forma, el comercio se trasladó de la plaza a este nuevo Campo de Oración, rodeando todo su entorno, ocupando las aceras y calzada.

El aumento de la afluencia de peregrinos además del crecimiento de la población, la evolución de los medios de transporte y incremento del parque automotriz, junto a los cambios socioeconómicos experimentados por el país, le dieron otra fisonomía a la festividad. Esa imagen de una plaza llena de tendales, el comercio por doquier en calles y veredas, fondas en sus alrededores y mucha gente, cambió por el aumento del comercio ferial y de ambulantes que comenzaron a asfixiar las actividades puramente religiosas que se desarrollaban en el Templo y Campo de Oración. Todo esto creó un nuevo escenario, caracterizado por la masiva invasión de todo tipo de comercio en los accesos y alrededor de los recintos religiosos impidiendo su normal funcionamiento.

Yumbel - Hitos Históricos de La Imagen de San Sebastián


• El ataque de los araucanos encabezados por el toqui Butapichún a la ciudad de Chillán en 1655, motivó a los españoles a trasladar la imagen de San Sebastián a las cercanías de Yumbel para evitar que fuera profanada.

• En 1663, un juez eclesiástico adjudicó la imagen de San Sebastián a Yumbel, cuyos habitantes exponían el derecho de hallazgo. Esto, luego que los chillanejos reclamaran la imagen argumentando que les pertenecía.

• La imagen fue trasladada desde unos pajonales, a la plaza fuerte donde estuvo hasta 1757. Ese mismo año, el obispo Espiñeira erigió la Parroquia y la imagen fue depositada ahí permaneciendo hasta 1835 en el templo ubicado en el sector antiguo de la villa, fecha en que fue destruida por el terremoto, sin embargo, la imagen resultó intacta.

• En 1766, don Antonio Gil y Gonzaga, gobernador de la época otorga a Yumbel el título de villa, colocándola oficialmente bajo la protección de San Sebastián.

• Desde 1835 hasta 1859 la imagen de San Sebastián estuvo en un templo provisional mientras se construía el definitivo.

• En 1859 se termina de construir el hermoso templo de tres naves, hasta donde fue trasladada la imagen, lugar donde permanece hasta la fecha. En 1878 hubo una profanación e intento de destrucción de la imagen, que fue encontrada en unos matorrales en el sector que hoy es el camino a Monte Águila.

• Se puede decir que el aumento de la devoción y el inicio de las primeras peregrinaciones data precisamente de 1878, cuando la fama del Santo trasciende la frontera de Yumbel y la zona y se extiende por el resto de Chile y el exterior.

• Cerca de 1900, la Iglesia comienza a habilitar las primeras acomodaciones para acoger la gran cantidad de devotos y peregrinos. Se instalan una hospedería, comedor del peregrino y caballerizas.

Yumbel - San Sebastián de Yumbel


La fiesta de San Sebastián atrae anualmente a un millón y medio de peregrinos y turistas, de las personas que ejercen actividades propias de celebraciones masivas, como medios de comunicación, comerciantes y transportistas, lo que origina un gran cambio en la ciudad, pues sólo se actúa en función de ello.

Conocida a nivel nacional, en esta fiesta religiosa se venera la imagen de San Sebastián construida en madera de cedro policromada de 75 centímetros. La imagen -traída por los conquistadores españoles- se encuentra en el Santuario de Yumbel desde 1663.

El edificio actual nace de la iniciativa de monseñor Hipólito Salas, obispo de Concepción decreta en marzo de 1854 la reconstrucción del templo de Yumbel.

Yumbel - San Sebastián, El Pueblo está de Fiesta


A 100 metros y fuera del lugar de culto, la situación es distinta. El calor es amo y señor y a nadie parece importarle. ¡El pueblo está de fiesta y hay que celebrar! En la plaza todos se dieron cita, los niños tiraban las ropas de sus padres y los obligaban a pagar por una foto en el caballo de madera con San Sebastián de fondo, la misma escena que ellos protagonizaron hace más de 20 años.

Unos pasos más allá, los rancheros haciendo gala de sus mejores atuendos, entonaron las canciones que “hacen nata” en los campos chilenos, al más puro estilo de los charros mexicanos. Y en el otro extremo, los chinchineros incansables dando vuelta de un lado hacia otro, ante la mirada atenta de unos cuantos.

Al frente y fuera de la municipalidad, un señor por alto parlante no se cansaba de nombrar a los extraviados que eran esperados en el lugar por sus familiares o amigos, mientras unas señoras de vestidos largos trataban a toda costa de vender un recuerdo del mártir, con espigas y todo.

Aunque Carabineros hizo lo posible por alejar a los ambulantes del Santuario y del campo de oración, éstos se las ingeniaron para escapar de su mirada y ofrecían sus productos a pocos metros del lugar donde se desarrollaban las actividades religiosas.

Esta situación le preocupa al municipio y especialmente a su alcalde, Raúl Betancur, ya que éste se comprometió a sacar el comercio del sector, tras los incidentes de 1999, cuando el Arzobispado de Concepción intentó realizar la festividad en el predio San José del Espino, ubicado a unos ocho kilómetros de Yumbel, provocando la ira y el malestar de gran parte de la comunidad.

Los otros vendedores, los dos mil que pidieron permiso, se ubicaron en las cuadras establecidas por la municipalidad formando verdaderos mercados persas que nada tienen que envidiarle a los de Santiago.

Internarse en estas ferias no fue tarea fácil. Los productos eran variados, desde figuras y estampitas de San Sebastián, hasta ropa, menaje, discos compactos, artículos de belleza, sombreros, gafas, entre otros. Por cierto para los más chicos no faltaron las réplicas de sus héroes del momento.

No faltaron los yerbateros que ofrecían sus mercancías milagrosas para cualquier tipo de enfermedades, ni tampoco los mapuches vendiendo “agüita del agrio”. Es que esta celebración da para todo y precisamente ahí radica su gracia.

Yumbel - Manifestaciones y Creencias Populares


Muestra Campesina

Es una muestra de índole agropecuaria que ha adquirido en sus ocho años de vida reconocimiento a nivel regional. La Muestra Campesina del año 2000 se celebró en las afueras del Estadio Municipal por calle Castellón. En esta instancia se ponen a la venta productos del campo, artesanía y comida típica. Además de proporcionar información agrícola a los interesados.

Cruz de Mayo

El origen de esta devoción se remonta a los tiempos de la Iglesia Cristiana, cuando los fieles buscaban afanosamente los restos del madero o cruz en que fue levantado Jesús. Es muy pintoresco ver en los pueblos o ciudades como Yumbel que el día 1º de mayo grupos de personas salen en peregrinación golpeando de puerta en puerta proclamando: "... aquí va la cruz de mayo visitando a sus devotos...", terminando esta celebración con una fogata en medio de las calles.


Festividades Religiosas de San Sebastián

En Yumbel existe una imagen del santo romano que es venerada por los católicos cada 20 de enero, 20 marzo y Semana Santa de cada año con una novena y procesión por las calles céntricas de la ciudad.

Se reúnen durante estas festividades cerca de 500.000 personas de todo el país y de algunos países cercanos. Muestras de fervor y espiritualidad se dan lugar en estas fechas de quienes vienen a agradecer favores concedidos.

San Antonio Negro

En el camino que va de Yumbel Estación a la localidad de Río Claro se ubica un pequeño caserío en el sector llamado La Chicharra, donde se rinde culto al llamado "San Antonio Negro" que corresponde a San Antonio de Padua. Esta imagen es venerada por los campesinos cada 13 de junio y se reúne un considerable número de personas.

Niño Dios o "Santo que Gasta los Zapatos"

Imagen del niño Dios que se encuentra en una propiedad privada en el sector Santa Cruz de Río Claro. A esta imagen se le realiza una novena que comienza el 17 de diciembre de cada año terminando el 25 del mismo mes con una procesión dentro del mismo sector. A la ceremonia puede concurrir cualquier persona.

Cruz del Trigo

La llamada cruz del trigo o de San Francisco esta muy centrada en la religiosidad popular. Esta manifestación se celebra el día de San Francisco, 4 de octubre.

En el lugar, como saludo y ofrenda se entrega una pequeña cruz de canelo y maqui, iniciando un pequeño baile sobre el trigo mismo, todo esto para pedir buenos cultivos y abundante cosecha. Esta ceremonia termina con una atención que hace el dueño de casa a sus visitas, atención que consiste en asado, tortillas, vino, y en especial la degustación de la cabeza de "chancho".

Tucapel - Escudo de Armas de Tucapel


En campo de plata una mano derecha con su antebrazo, todo de carnación, mostrando su palma, saliente de la punta, empuñando un arcoiris puesto en la faja arqueada, llena de cuatro burelas de los siguientes esmaltes de arriba hacia abajo (desde el jefe hacia la punta): gules, oro, sinople, y azur.

Timbre: corona mural de oro, mazonada de sable, realzada por las 16 almenas, de las cuales sólo 9 vistas.

Tucapel - Atractivos de Tucapel


Bocatoma Tucapel: 2 kilómetros antes de llegar a Tucapel está la bocatoma del canal Laja-Diguillín. Allí también está el balneario municipal, que aprovecha las aguas del río Laja. Está implementado con agua potable, luz eléctrica y casetas sanitarias. El lugar es apto para la pesca y el baño. Cuenta con medio centenar de sitios de camping rodeados de frondosos árboles.

Tucapel Urbano: Esta localidad se caracteriza por su plato típico: salmones del río Laja, los cuales se pueden degustar en varios restoranes de Tucapel. Además, está el fuerte de Tucapel fundado en 1725 por Gabriel Cano y Aponte como una manera de acortar el frente con los mapuches.

Huépil: En sus alrededores están los ríos Huépil y Cholguán.
En este lugar se celebra el 25 de diciembre la fiesta religiosa de María Santísima, visitada por una gran cantidad de devotos de diversos sectores.

Laguna Trupán: Rodeada de cerros, es un sitio especial para acampar y andar. La laguna, que tiene una profundidad promedio de 6 metros, unos 600 metros de largo y 300 de ancho, recibe agua del canal Zañartu y luego sigue su curso hasta el río Huépil. En la laguna se puede disfrutar de un tranquilo y apacible paseo en bote.

Polcura: Ubicado a 20 kms de Huépil, ahí se encuentra el río El Manco. Además, a unos 9 kms está la laguna del mismo nombre, poco conocida pero de gran belleza.

En los alrededores de esta Polcura existen lugares de incalculable belleza como el sector de Mañihual de difícil acceso, en donde existen copihues y bosques nativos.

Tucapel: tranquilidad de la precordillera


La comuna de Tucapel no difiere en mucho de cualquiera de los asentamientos de la zona central del país. Es una comuna agrícola de preferencia forestal, con bellezas naturales emplazadas casi en plena cordillera de Los Andes y que no tienen mayor aprovechamiento turístico.

Sin embargo, tiene varias particularidades. No tiene una Plaza de Armas sino cuatro. La característica de esta comuna es la dispersión de sus centros urbanos en los pueblos de Huépil, Polcura, Trupán y Tucapel. Curiosamente la comuna se llama Tucapel pero el municipio está instalado en Huépil. Todo un enredo que data de fines de los años ‘60 y que motivó una profunda división entre los vecinos de las localidades involucradas.

Ubicada a 55 kilómetros al noroeste de Los Ángeles, por la ruta a Antuco, la comuna tiene una población de 12 mil 20 habitantes distribuidos en 911 kms2.

Los primeros antecedentes históricos que existen de la comuna, dicen relación con la fundación del fuerte de Tucapel el año 1723, alrededor del cual los españoles, el año 1765, conformaron un pequeño pueblo.

Los diversos sectores poblados se fueron formando aledaños a la línea del ferrocarril, servicio que en la actualidad no existe pero que fue de vital importancia en la conformación de la comuna.

La población se dedica principalmente al cultivo de trigo y avena, como así a las labores forestales y crianza de ganado en pequeña escala.

Posee un número considerable de montañas y planicies onduladas en las que se encuentran los centros poblados, todos ellos dedicados principalmente a labores silvoagropecuarias.

Las aguas limpias y transparentes de sus ríos y lagunas le han dado fama a Tucapel como zona de pesca. No en vano Polcura tiene pisciculturas.

Los principales cursos de agua los forman los ríos Huépil, Cholguán, Itata, Manco, Reñico y los esteros El Piojo, Las Lomas, Los Troncos, entre otros.

También destaca las lagunas de Trupán y El Manco, la primera es ideal para la pesca y los deportes náuticos.

Tucapel - Historia de Tucapel


Aún cuando hoy en día el pueblo más importante lo constituye Huépil, la historia de la fundación de la comuna y de sus centros poblados está íntimamente ligado a lo que es la historia del fuerte Tucapel que dio origen primeramente al pueblo del mismo nombre y luego a la conformación de los otros tres centros pobladas llamados Trupán, Polcura y Huépil. El fuerte Tucapel fue fundado por Gabriel de Cano y Aponte en 1723, como una manera de acortar el frente con los araucanos.

Se dice que el distinguido Gobernador de Chile Colonial hizo abandonar los fuertes de la frontera para instalar Penco, Quilacoya, Yumbel, y el más oriental que correspondió a Tucapel. Según el Abate Molina, el fuerte estaba ubicado "en el estrecho que forman los riscos del río Laja y faldas de la Cordillera nevada y cierra el paso de los indios enemigos".

Seguramente el día de su fundación correspondió a un 13 de Noviembre, de ahí su nombre de Fuerte de San Diego de Tucapel. Más tarde, Antonio Guill y Gonzaga, entre los años 1765 y 1766 con algunas familias de españoles fundaron el pueblo en las afueras del fuerte, aunque por razones de seguridad muchos se quedaron viviendo en el interior. Por esos años se fundaron las Villas de San Luis de Gonzaga de Rere y San Carlos de Austria de Yumbel. Con el correr de los años la región, fue refugio de bandidos. Los Pincheira extendían sus correrías desde la llamada isla de la Laja hasta San Fernando y por el lado argentino hasta San Luis.

A fines de 1821 e inicios de 1822 y debido a largas discusiones entre Freire y Benavides, este ultimo asesorado por el cura Perrebú, se produjo una reorganización de las fuerzas de montoneros, los que destruyeron gran parte de esta hermosa región. Así desaparecieron consumidas por las llamas, los poblados de Los Ángeles, Nacimiento, Purén, Santa Bárbara y Tucapel Nuevo.

La zona quedó como si jamás hubiese sido habitada. Posteriormente a este desastre tanto el fuerte como el pueblo comenzó a ser reconstruido lentamente, que nuevamente fue incendiado, en 1852. Fue entonces cuando el Presidente envió a don Joaquín Villarino (que no era ingeniero civil pero trabajaba en el ramo), con la misión de buscar el lugar más adecuado para fundar un pueblo. Visitó muchas localidades, terminando por informar que el lugar más adecuado era el noreste del Fuerte. Esto habría sucedido el 12 de octubre de 1854. El fuerte mantuvo una guarnición hasta después de la guerra del Pacífico, pues aún existían problemas con los Araucanos. La Municipalidad existe por un Decreto firmado por el presidente don Jorge Montt, que creó varios Municipios pero formando parte del Departamento de Rere, del cual se separó al finalizar el primer cuarto de siglo, pasando a formar parte de la provincia de Ñuble. Posteriormente y debido a la reestructuración producto de la regionalización del país, pasó a formar parte de la provincia de Bio Bío. Hasta el año 1967, Tucapel fue la capital de la comuna, con un buen edificio municipal y tesorería, pero por disposición del Presidente Eduardo Frei, esta fue trasladada a Huépil. Anteriormente la Municipalidad jamás había funcionado allí, solamente lo había hecho la tesorería por un corto tiempo, cuando ésta estuvo a cargo del Sr. José A. Márquez. Dentro de la historia y desarrollo de la comuna un papel fundamental le cupo al servicio de ferrocarriles. ramal de trocha angosta que derivaba de la estación de Monteáguila hacia el oriente hasta la estación de Polcura, el que fue fundado alrededor del año 30, según algunas fuentes ligadas al quehacer ferroviario.

Fue fundamental en el desarrollo y dinamismo de la zona puesto que era el medio de transporte que permitía sacar los principales productos del sector (cereales y madera) hacia el mercado nacional. También era el principal medio de transporte de los habitantes del sector. El desarrollo del ferrocarril está estrechamente ligado al desarrollo de Huépil como el principal centro urbano y comercial de la comuna, dado que constituía una de las principales estaciones del ramal.

En cambio, Tucapel quedó fuera del trazado ferroviario y ello determinó en gran medida el desperfilamiento y desplazamiento como principal centro urbano. A través del transporte terrestre se efectuaba la combinación de pasajeros provenientes de Tucapel con el tren, vía la estación de Huépil. El rol de Huépil, como una de las estaciones principales del ramal fue haciendo que se concentrara en torno a ella el comercio y los servicios dado el dinamismo económico que fue logrando. Todos estos fenómenos fueron las causas de que la comuna se fuera concentrando y desarrollando en torno a Huépil.

Tucapel - Laguna de Trupán


De acuerdo a la recopilación de leyendas en la biblioteca pública de Huépil, en la comuna de Tucapel, existe una curiosa leyenda que explica el origen de la laguna de Trupán, situada en la localidad del mismo nombre, en plenos faldeos cordilleranos.

Según este relato, en ese lugar no había ningún cuerpo de agua. Sin embargo, hace muchos años, cuando unos mapuches jugaban a la chueca o palín en el mismo lugar hubo una gran pelea donde murió el hijo del lonco.

Por eso, éste maldijo la cancha para que nadie pudiera jugar en ese lugar.

Fue así que cuando el grupo de iba del lugar, a uno de los mapuches presentes le dieron ganas de orinar. Fue tanto lo que hizo que en el mismo lugar se formó la laguna Trupán, impidiendo el uso deportivo de esa parte, tal como lo había afirmado el indignado jefe indígena.

Por eso, se asegura en el relato, en las noches de luna llena se escucha cómo orina el mapuche.

Tucapel - Terror en las sombras

En un camino a las Lomas de Tucapel, siempre se producía un hecho muy terrorífico. Cuando a la medianoche los trabajadores bajaban al pueblo a caballo, se encontraban con una yunta de bueyes negros de largos cachos que comían pasto en el camino, que pronto comenzaban a correr por el callejón.

Los caballos de los hombres se paraban y no querían avanzar. A uno de ellos lo castigaron tanto para que corriera tras los bueyes que cuando llegó a una zarzamora muy tupida cerca del fundo Venecia, desapareció sin dejar huellas.

Tucapel - Mariscal Andrés Alcázar: el guerrero de Bio Bío


El mariscal Andrés Alcázar fue parte viva de todo el proceso de Independencia del país, luchando con O’Higgins en Rancagua y en las exitosas campañas de la Patria Nueva. Nacido en Tucapel, al alero del fuerte, se forjó en la reciedumbre de la Alta Frontera y, en defensa de Los Ángeles, murió en las cercanías del Puente Perales (conocido como Tarpellanca) cuando trataba de escapar de las montoneras de Benavides.

El nombre de un céntrico hotel y de una avenida pavimentada hace pocos años, además de un modesto busto frente a la cascada principal del Salto del Laja son, quizás, los únicos recuerdos tangibles de quien fuera uno de los más brillantes soldados patriotas que tuvo el país en los albores del proceso de la independencia, hace unos 190 años.

El mariscal Pedro Andrés Alcázar Zapata, según coinciden los historiadores, fue uno de los más sobresalientes estrategas militares y un caballero de respeto entre sus pares, que a pesar de su avanzada edad el día de su muerte supo mantener la claridad de la situación para tomar siempre la decisión más correcta.

Pero, para los habitantes de la provincia de Bio Bío, también tiene un componente original. No sólo murió y combatió en estas tierras dependiendo la causa patriota, sino que también nació por estas latitudes, en plena zona de la Alta Frontera.

En efecto, por allá por 1752, en pleno territorio fronterizo, vio la luz en el fuerte de San Diego de Alcalá, de Tucapel, siendo bautizado en la capilla del mismo el 12 de diciembre del mismo año. Era hijo del Capitán de Infantería y Jefe del Fuerte, Andrés de Alcázar y de doña Feliciana Rodríguez de Zapata y Sanhueza.

En Tucapel creció en medio de la hostilidad ambiente, entre malones araucanos y furiosas tempestades, que la naturaleza descargaba en el territorio.

Entusiasmado, desde sus primeros pasos, por la carrera militar, entró al Regimiento Dragones de la Frontera en calidad de soldado distinguido. Tiempo después llegó de España su nombramiento oficial de Cadete.

Por un error de copia, figuraba como Pedro del Alcázar, en lugar de Andrés. El comandante de Dragones, el Coronel Ambrosio O’Higgins, le hizo anteponer el apelativo de Pedro, para legalizar la cédula.

En 1776, Pedro Andrés fue ascendido a alférez, luego a Teniente en 1783 y a capitán en 1785. Antes, en 1777, casó con doña Clara de Zumelzu Obregón y Ruiz de Berecedo, unión de la cual nacieron Carmen, Juan Andrés, Mateo (sería sacerdote), Antonia, Juana, Teresa y José Antonio.

Durante todo este tiempo, Andrés de Alcázar sirvió exclusivamente en la región conocida como Isla de la Laja, lo que le permitió ser un experto conocedor de la comarca y de sus habitantes. Sus constantes encuentros con los indígenas forjaron sus condiciones de guerrero que le destacarían más tarde, durante las luchas por la emancipación.