Yumbel - Historia de la Ciudad de Yumbel


La ciudad se originó en el antiguo fuerte de San Felipe de Austria levantado en 1585 por el gobernador Don Alonso de Sotomayor, en los alrededores de lo que hoy se denomina cerro Centinela.

Emplazada geográficamente acorde a los principios básicos de fortificación militar y defensiva, propios de la Conquista y Guerra de Arauco, Yumbel se ubicaba entre dos cursos de agua, hoy conocidos como Estero Yumbel, por el oriente; Estero Bermejo, por el norte; y por el sur, cerro Centinela, que constituía el Mirador, que permitía observar a distancia cualquier desplazamiento de gente.

El fuerte de San Felipe de Austria fue destruido por los araucanos y levantado por segunda vez en 1603, en esta fecha el gobernador Alonso de Ribera le dio el nombre de Fuerte de Santa Lucía de Yumbel. Nuevamente fue destruido en 1648 y levantado en 1663 con el nombre de Nuestra Señora de Almudena, y repoblado 3 años después con el nombre de Austria de Yumbel. En 1766, bajo el gobierno de Antonio Guill y Gonzaga, se erigió en villa. Fue destruida parcialmente por el terremoto del 20 de febrero de 1835.

Recibe el título de ciudad por decreto supremo el 16 de marzo de 1871.

El desarrollo de la comuna en general y de la ciudad de Yumbel en particular, ha estado ligado profundamente en el quehacer religioso gracias a la veneración a su Santo Patrono, San Sebastián.

Yumbel - Historia del Pueblo de Rere


El pueblo de Rere se ubica a 21 Km de Yumbel. Los orígenes de Rere se relacionan directamente con la guerra fronteriza que libraron españoles y araucanos desde los comienzos de la Conquista. Durante el siglo XVI el proceso de fundación de ciudades y de posicionamiento de las tierras en las que vivían las reducciones indígenas se consolidó con algunas dificultades hasta la zona del Bio Bío. Muchas ciudades fundadas al norte de este río, principalmente Santiago, fueron creciendo en la medida que el sometimiento de los indígenas garantizaban la debida tranquilidad. Sin embargo, el avance hacia el sur del Bio Bío, en donde residía gran parte de los araucanos, fue una tarea titánica y el sometimiento de las ciudades y fuertes fundados por el propio Pedro de Valdivia se hizo casi imposible.

Prueba de ello es la misma muerte de Pedro de Valdivia en Tucapel hacia 1553 y los incesantes esfuerzos que desplegaron sus sucesores a fin de someter a aquel territorio que parecía indomable. Es así como a fines del siglo XVI se produce la gran sublevación indígena al sur del Bio Bío tras el desastre de Curalaba, trayendo consigo la muerte del gobernador Martín García Oñez de Loyola y la destrucción de la totalidad de las ciudades españolas que a duras penas se habían sostenido en esa zona. Surge entonces la necesidad de reorganizar las fuerzas españolas en torno a aquel río que servirá de frontera a ambos pueblos en pugna.

En este contexto llega a Chile el prestigiado gobernador Alonso de Ribera quien, viendo las falencias de sus antecesores, traza un plan destinado a darle una nueva dinámica al proceso de conquista. Para ello hace construir una serie de fuertes a lo largo del Bio Bío a objeto de asegurar aquella frontera natural y conjuntamente con ello, hacia 1603, fundó entre Chillán y Concepción la llamada Estancia de Rey, que ese mismo año pobló de ganado y sembró de trigo. De este modo, los inicios de Rere se involucran directamente con la nueva dinámica de guerra que impulsará el Gobernador Rivera, y dicha función propiamente económica de sus inicios se le agrega al poco tiempo su función militar como una consecuencia inevitable dada la cercanía al escenario de la guerra. Así lo señala Diego de Rosales:

"Viendo el gobernador (Rivera) el trabajo con que se socorrían los fuertes de bastimentos, tomo una buena resolución de poblar un fuerte en un puesto que se llama Huilquilemo con intento de dejar allí una sementera para el Rey...".

El fuerte nace entonces como consecuencia de la necesidad de cuidar los sembrados y ganado que de continuo eran objeto de robo. La fortaleza se perfila con un carácter más defensivo que de protagonismo en la lucha contra los Araucanos. Además por su ubicación a espaldas de los fuertes que estaban a orillas del Bio Bío, servía como punto intermedio para el socorro de los diferentes fuertes o como punto de retirada gradual entre una eventual ofensiva indígena.

Yumbel - Historia de Yumbel


La comuna de Yumbel se ubica en la provincia del Bio Bío en la región del mismo nombre de Chile. Es conocida internacionalmente por sus eventos religiosos que giran en torno a la imagen santa de San Sebastián.

Pero esta comuna ofrece en cuanto al turismo variadas opciones para conocerla. Entre ellos tiene: rica historia, hermosos paisajes, eventos de reconocimiento nacional, pueblos y localidades pintorescos, balnearios en distintos cauces hídricos como también en los Saltos del Laja, además de variados mitos y leyendas.

Yumbel - Historia de Rere


Rere: pasado de grandeza

Las calles de la apacible localidad de Rere, distante unos 20 kilómetros al poniente de Yumbel, apenas revelan su pasado de esplendoroso y su gravitante importancia en la historia nacional y de la provincia de Bio Bío.

Hacia 1586, en los albores de la Conquista Española y en medio de los cerros de la Cordillera de la Costa, se instaló el fuerte de la Buena Esperanza, justo un año más tarde que el ya existente en la actual ciudad santuario. Fue bautizado como Rere, cuya significado es la derivación de "pájaro carpintero" en mapundugún.

Bajo esta protección militar, en su entorno se comenzó a desarrollar una bullante actividad que estuvo directamente relacionada con la presencia de lavaderos de oro (llegaron a haber hasta 180 en el entorno) y el fuerte desarrollo de la actividad agropecuaria, que permitía abastecer a todas las localidades cercanas, especialmente Concepción. También fue (y es) una zona reconocida por la calidad de sus viñedos que, gracias al generoso sol, permite mostos de reconocido prestigio.

Pero no fue hasta 1720, cuando fue declarada oficialmente como villa, que no se produjo su verdadero crecimiento. No en vano, hacia principios del siglo XIX, llegó a ser la segunda ciudad de importancia en el país con 22 mil habitantes (Santiago, la más grande, tenía 70 mil) y con un área jurisdiccional que llegaba hasta la misma cordillera de Los Andes.

De esa misma época datan sus enorme campanas (de unos mil 200 kilos cada una), fundidas con oro donado por sus habitantes.

El primer golpe que anticipó su caída fue la expulsión de la orden jesuíta de todos los territorios dominados por la Corona Española, hacia fines del siglo XVIII, que redundó en que partieran de Rere los religiosos que habían cultivado sus estancias agrícolas, levantado los primeros colegios y construida la actual casa parroquial. Más tarde apareció el ferrocarril que llegó a Yumbel, hecho que dejó a Rere a contramano de la actividad productiva de la zona.

La localidad ya no fue el punto de paso obligado de los productos que se movían en la zona.

Por eso ahora, con poco más de 3 mil habitantes y un área geográfica reducida a su mínima expresión, la localidad de Rere vive apegada a su devenir agrícola y con la nostalgia de los tiempos pasados.

Yumbel - La mata de la picardía


Para llegar por tren a Rere, histórico poblado de la región del Bio Bío, es necesario bajarse en el caserío de Buenuraqui, ubicado a 11 kilómetros. Desde allí hay que internarse por un pintoresco y polvoriento camino que sube y baja serpenteando entre los cerros. Poco antes de llegar al pueblo, se encuentra un longevo litre, conocido como Mata de la Picardía. Es común para el viajero escuchar páreme en la mata'e la picardía, al chofer del microbús que, de tarde en tarde, hace el recorrido entre Rere y Buenuraqui.

Mi abuela me contaba que desde tiempos antiguos, muchas carretas se desplazaban a Buenuraqui con enormes pipas llenas de chicha y vino para embarcarlas allí con destino a Concepción y Talcahuano. La partida, como se acostumbra en el campo, era de madrugada. Aún oscuro, los peones alistaban las yuntas y emprendían viaje, formando una caravana que parecía una gorda cuncuna que serpenteaba por el camino cuesta arriba. Cuando ya quedaban atrás las casas del pueblo, los viajeros se detenían junto al viejo litre, para el primer descanso de hombres y bestias.

A orillas del camino buscaban pajitas secas y convencidos que nadie podía verlos se subían sobre las pipas. Sacando el grueso tapón, comenzaban a chupar la fresca savia que las viñas habían dado durante la vendimia, dando rienda suelta a la picardía campesina.


Versión de Luis Espinoza

Yumbel - San Sebastián: Entre lo popular y lo divino


La tranquilidad volvió a Yumbel. Su gente guardará pacientemente hasta el “20 chico”, en marzo, para recibir nuevamente a ese mar humano que fielmente avanza de rodillas para suplicar o agradecer al santito milagroso por algún favor concedido. Así es la fiesta de San Sebastián donde el fervor popular y las tradiciones se mezclan sin recelo, detenidas en el tiempo, haciendo olvidar, aunque sea por algunos momentos, que estamos en pleno siglo XXI.

El día de la celebración, el pueblo amaneció más temprano que de costumbre. Desde la medianoche y cada dos horas la Iglesia ofreció misas a los peregrinos que provenían desde distintos puntos del país para pagar sus mandas. Pero no sólo ellos fueron puntuales, también los vendedores que “religiosamente” llegaron para participar, a su modo, de la festividad. Total, aunque sea pequeña, la imagen de madera de cedro de tan sólo 75 centímetros alcanza para todos.

Desde las primeras horas, los madrugadores se apoderaron de la plaza y en improvisadas colchonetas en el suelo sucumbieron ante los brazos de Morfeo. Ahí niños, hombres y mujeres tapados hasta el cuello descansaron sus cuerpos, antes de ir a saludar al santito. El silencio comenzó a ceder y las calles a inundarse de gente.

Y es que, aunque pocos sepan que San Sebastián era un joven militar romano del siglo III, que sobrevivió a las flechas que le propinaron otros soldados por orden del emperador Dioclesiano y que finalmente murió flagelado por proclamar su fe en Cristo, cada vez llega más gente a venerarlo, familias completas, sobre todo de origen humilde, quizás para pedir un milagro o sólo en busca de esperanzas.

Para demostrar su agradecimiento o para que la petición cobre más valor cada cual elige algún sacrificio. Algunos entregan dinero, otros caminan largas horas, encienden velas hasta la saciedad o llegan de rodillas hasta el altar, ubicado en el campo de oración.

Este último es el caso de Emperatriz Díaz, chilena radicada en Francia, quien antes de partir al viejo continente, hace ya 23 años, prometió que cada vez que estuviera en el país visitaría a San Sebastián. Y así lo ha hecho en tres oportunidades. Esta vez llegó en compañía de su esposo y del menor de sus dos hijos, de ocho años, quienes a pleno sol la ayudaron en su cometido abriéndole paso entre la multitud.
A esta mujer la fe en Dios y en los santos se la inculcó su familia desde que era pequeña, del mismo modo que ella se la ha transmitido a los suyos.

Muy distinto es el caso de Marta (29), quien caminó descalza ocho kilómetros junto a su esposo para renovar una manda. Ella comenzó a creer en el santo sólo hace cuatro años cuando le detectaron una grave enfermedad. Contó que la desesperación la llevó a aferrarse a la religión y aunque aún no se mejora el sólo hecho de confiar en Dios la tranquiliza. Casada hace cinco años y ante la imposibilidad de tener un hijo, ruega para que el santo interceda ante la divinidad y le conceda el milagro que la medicina le ha negado.

Yumbel - Historia de la Imagen de San Sebastián


La historia de la imagen en Chile se remonta a la época de la conquista, ya que los soldados españoles tenían como su patrono a San Sebastián y dónde llegaban procedían a entronizarle. En Chillán nació el culto a este santo mártir y fue con la fundación de esta ciudad cuando los soldados españoles trajeron desde su país la sagrada imagen que hoy se venera en Yumbel. A consecuencia de una de las tantas sublevaciones indígenas, la encabezada por el toqui Butapichón arrasó e incendió la ciudad de Chillán en 1655, debiendo las huestes españolas huir, llevándose la imagen del santo para protegerla y dejarla posteriormente enterrada en las cercanías de la villa de Yumbel, al pie del cerro Centinela.

Los habitantes del lugar la encontraron y dispusieron entonces su veneración, instalándola a partir de esa fecha en diversos lugares del pueblo, hasta que fue ubicada definitivamente en su actual templo.

En la entrada poniente del pueblo se erigió la primera capilla en honor de San Sebastián. Estuvo ubicada en el sector donde hoy se encuentra la ermita de San Sebastián en la plaza Alonso de Sotomayor. Un intento de destruir esta sagrada figura por parte de algunas personas incrédulas y poco piadosas, ocurrido en 1878, marca el inicio de su fama como santo milagroso en la zona y sus alrededores. Estos la dejaron abandonada, semiquemada y enterrada en unas dunas en el sector de lo que hoy se ubica el camino a Monte Aguila. Luego de una minuciosa búsqueda emprendida por los pobladores, fue encontrada, con las muestras del intento de profanación.

De ahí en adelante, comenzó su veneración masiva por parte de los habitantes de la zona, quienes suplicaban al santo mártir protegiera sus siembras de sequías, pestes y toda suerte de calamidades naturales. Desde ahí, se dio comienzo a una devoción de personas no solamente del sector sino de todos los alrededores y el resto del país que acudían hasta el templo de Yumbel. Lo hacían en los medios de la época, a pie, en carretas, posteriormente en vehículos colectivos y particulares y mayoritariamente en los trenes que arribaban del norte y del sur, para solicitar al milagroso santo favores de toda índole.

Su actual ubicación frente a la principal plaza de Yumbel, data desde 1859, cuando fue construido el templo que hoy conocemos después que el devastador terremoto de 1835 destruyera el recinto que cobijaba a la venerada imagen.
A comienzos del siglo XX, el Santuario comienza a adquirir fisonomía de tal, con la habilitación de las primeras instalaciones, como el comedor de peregrinos, galpones donde la parroquia y el santuario ofrecían almuerzos a los devotos y peregrinos, también parte la primera hospedería. 

En el templo santuario se dormía, se comía, se celebraba la misa y se daban los sacramentos. La fiesta concluía con una procesión alrededor de la plaza, mientras que enfrente del templo se instalaban negocios en donde se vendía de todo y la gente, especialmente los campesinos, aprovechaban para abastecer sus casas.

Bajo el obispado de monseñor Alfredo Silva Santiago, la Iglesia permitió la celebración del 20 de marzo, dado que muchos devotos en enero estaban ocupados en sus labores, básicamente campesinas. De esta manera, el número de feligreses aumentó con las dos fiestas y el templo se hizo insuficiente para recibir a tantos peregrinos. Tanto fue así que bajo la administración pastoral del Arzobispo Manuel Sánchez, se concibió la idea de un Campo de Oración, es decir, habilitar un lugar fuera del templo, que fuera más espacioso y libre, para que la gente pudiera tener un momento de interioridad, hacer oración, participar de la misa, recibir los sacramentos y entregar sus ofrendas y mandas, además de agradecer los favores de Dios concedidos por intersección de San Sebastián. Desde ese momento, el Santuario adoptó un carácter mas pastoral, es decir, una oportunidad para anunciar a Jesucristo y convocar la fe en él.

Esta labor prosiguió con los obispos Manuel Santos y Alejandro Goic, cuyo esfuerzo de veinte años trajo sus frutos, dado que la peregrinación tuvo un carácter marcadamente evangelizador y religioso, depurándolo de sus desviaciones o deformaciones. orientándose hacía una preocupación más de fondo en lo referido a la fe y el compromiso católico. Este antiguo Campo de Oración se ubicó en la manzana adyacente al templo santuario, en la esquina de la plaza, en O’Higgins con Castellón. De la misma forma, el comercio se trasladó de la plaza a este nuevo Campo de Oración, rodeando todo su entorno, ocupando las aceras y calzada.

El aumento de la afluencia de peregrinos además del crecimiento de la población, la evolución de los medios de transporte y incremento del parque automotriz, junto a los cambios socioeconómicos experimentados por el país, le dieron otra fisonomía a la festividad. Esa imagen de una plaza llena de tendales, el comercio por doquier en calles y veredas, fondas en sus alrededores y mucha gente, cambió por el aumento del comercio ferial y de ambulantes que comenzaron a asfixiar las actividades puramente religiosas que se desarrollaban en el Templo y Campo de Oración. Todo esto creó un nuevo escenario, caracterizado por la masiva invasión de todo tipo de comercio en los accesos y alrededor de los recintos religiosos impidiendo su normal funcionamiento.

Yumbel - Hitos Históricos de La Imagen de San Sebastián


• El ataque de los araucanos encabezados por el toqui Butapichún a la ciudad de Chillán en 1655, motivó a los españoles a trasladar la imagen de San Sebastián a las cercanías de Yumbel para evitar que fuera profanada.

• En 1663, un juez eclesiástico adjudicó la imagen de San Sebastián a Yumbel, cuyos habitantes exponían el derecho de hallazgo. Esto, luego que los chillanejos reclamaran la imagen argumentando que les pertenecía.

• La imagen fue trasladada desde unos pajonales, a la plaza fuerte donde estuvo hasta 1757. Ese mismo año, el obispo Espiñeira erigió la Parroquia y la imagen fue depositada ahí permaneciendo hasta 1835 en el templo ubicado en el sector antiguo de la villa, fecha en que fue destruida por el terremoto, sin embargo, la imagen resultó intacta.

• En 1766, don Antonio Gil y Gonzaga, gobernador de la época otorga a Yumbel el título de villa, colocándola oficialmente bajo la protección de San Sebastián.

• Desde 1835 hasta 1859 la imagen de San Sebastián estuvo en un templo provisional mientras se construía el definitivo.

• En 1859 se termina de construir el hermoso templo de tres naves, hasta donde fue trasladada la imagen, lugar donde permanece hasta la fecha. En 1878 hubo una profanación e intento de destrucción de la imagen, que fue encontrada en unos matorrales en el sector que hoy es el camino a Monte Águila.

• Se puede decir que el aumento de la devoción y el inicio de las primeras peregrinaciones data precisamente de 1878, cuando la fama del Santo trasciende la frontera de Yumbel y la zona y se extiende por el resto de Chile y el exterior.

• Cerca de 1900, la Iglesia comienza a habilitar las primeras acomodaciones para acoger la gran cantidad de devotos y peregrinos. Se instalan una hospedería, comedor del peregrino y caballerizas.

Yumbel - San Sebastián de Yumbel


La fiesta de San Sebastián atrae anualmente a un millón y medio de peregrinos y turistas, de las personas que ejercen actividades propias de celebraciones masivas, como medios de comunicación, comerciantes y transportistas, lo que origina un gran cambio en la ciudad, pues sólo se actúa en función de ello.

Conocida a nivel nacional, en esta fiesta religiosa se venera la imagen de San Sebastián construida en madera de cedro policromada de 75 centímetros. La imagen -traída por los conquistadores españoles- se encuentra en el Santuario de Yumbel desde 1663.

El edificio actual nace de la iniciativa de monseñor Hipólito Salas, obispo de Concepción decreta en marzo de 1854 la reconstrucción del templo de Yumbel.

Yumbel - San Sebastián, El Pueblo está de Fiesta


A 100 metros y fuera del lugar de culto, la situación es distinta. El calor es amo y señor y a nadie parece importarle. ¡El pueblo está de fiesta y hay que celebrar! En la plaza todos se dieron cita, los niños tiraban las ropas de sus padres y los obligaban a pagar por una foto en el caballo de madera con San Sebastián de fondo, la misma escena que ellos protagonizaron hace más de 20 años.

Unos pasos más allá, los rancheros haciendo gala de sus mejores atuendos, entonaron las canciones que “hacen nata” en los campos chilenos, al más puro estilo de los charros mexicanos. Y en el otro extremo, los chinchineros incansables dando vuelta de un lado hacia otro, ante la mirada atenta de unos cuantos.

Al frente y fuera de la municipalidad, un señor por alto parlante no se cansaba de nombrar a los extraviados que eran esperados en el lugar por sus familiares o amigos, mientras unas señoras de vestidos largos trataban a toda costa de vender un recuerdo del mártir, con espigas y todo.

Aunque Carabineros hizo lo posible por alejar a los ambulantes del Santuario y del campo de oración, éstos se las ingeniaron para escapar de su mirada y ofrecían sus productos a pocos metros del lugar donde se desarrollaban las actividades religiosas.

Esta situación le preocupa al municipio y especialmente a su alcalde, Raúl Betancur, ya que éste se comprometió a sacar el comercio del sector, tras los incidentes de 1999, cuando el Arzobispado de Concepción intentó realizar la festividad en el predio San José del Espino, ubicado a unos ocho kilómetros de Yumbel, provocando la ira y el malestar de gran parte de la comunidad.

Los otros vendedores, los dos mil que pidieron permiso, se ubicaron en las cuadras establecidas por la municipalidad formando verdaderos mercados persas que nada tienen que envidiarle a los de Santiago.

Internarse en estas ferias no fue tarea fácil. Los productos eran variados, desde figuras y estampitas de San Sebastián, hasta ropa, menaje, discos compactos, artículos de belleza, sombreros, gafas, entre otros. Por cierto para los más chicos no faltaron las réplicas de sus héroes del momento.

No faltaron los yerbateros que ofrecían sus mercancías milagrosas para cualquier tipo de enfermedades, ni tampoco los mapuches vendiendo “agüita del agrio”. Es que esta celebración da para todo y precisamente ahí radica su gracia.

Yumbel - Manifestaciones y Creencias Populares


Muestra Campesina

Es una muestra de índole agropecuaria que ha adquirido en sus ocho años de vida reconocimiento a nivel regional. La Muestra Campesina del año 2000 se celebró en las afueras del Estadio Municipal por calle Castellón. En esta instancia se ponen a la venta productos del campo, artesanía y comida típica. Además de proporcionar información agrícola a los interesados.

Cruz de Mayo

El origen de esta devoción se remonta a los tiempos de la Iglesia Cristiana, cuando los fieles buscaban afanosamente los restos del madero o cruz en que fue levantado Jesús. Es muy pintoresco ver en los pueblos o ciudades como Yumbel que el día 1º de mayo grupos de personas salen en peregrinación golpeando de puerta en puerta proclamando: "... aquí va la cruz de mayo visitando a sus devotos...", terminando esta celebración con una fogata en medio de las calles.


Festividades Religiosas de San Sebastián

En Yumbel existe una imagen del santo romano que es venerada por los católicos cada 20 de enero, 20 marzo y Semana Santa de cada año con una novena y procesión por las calles céntricas de la ciudad.

Se reúnen durante estas festividades cerca de 500.000 personas de todo el país y de algunos países cercanos. Muestras de fervor y espiritualidad se dan lugar en estas fechas de quienes vienen a agradecer favores concedidos.

San Antonio Negro

En el camino que va de Yumbel Estación a la localidad de Río Claro se ubica un pequeño caserío en el sector llamado La Chicharra, donde se rinde culto al llamado "San Antonio Negro" que corresponde a San Antonio de Padua. Esta imagen es venerada por los campesinos cada 13 de junio y se reúne un considerable número de personas.

Niño Dios o "Santo que Gasta los Zapatos"

Imagen del niño Dios que se encuentra en una propiedad privada en el sector Santa Cruz de Río Claro. A esta imagen se le realiza una novena que comienza el 17 de diciembre de cada año terminando el 25 del mismo mes con una procesión dentro del mismo sector. A la ceremonia puede concurrir cualquier persona.

Cruz del Trigo

La llamada cruz del trigo o de San Francisco esta muy centrada en la religiosidad popular. Esta manifestación se celebra el día de San Francisco, 4 de octubre.

En el lugar, como saludo y ofrenda se entrega una pequeña cruz de canelo y maqui, iniciando un pequeño baile sobre el trigo mismo, todo esto para pedir buenos cultivos y abundante cosecha. Esta ceremonia termina con una atención que hace el dueño de casa a sus visitas, atención que consiste en asado, tortillas, vino, y en especial la degustación de la cabeza de "chancho".

Tucapel - Escudo de Armas de Tucapel


En campo de plata una mano derecha con su antebrazo, todo de carnación, mostrando su palma, saliente de la punta, empuñando un arcoiris puesto en la faja arqueada, llena de cuatro burelas de los siguientes esmaltes de arriba hacia abajo (desde el jefe hacia la punta): gules, oro, sinople, y azur.

Timbre: corona mural de oro, mazonada de sable, realzada por las 16 almenas, de las cuales sólo 9 vistas.

Tucapel - Atractivos de Tucapel


Bocatoma Tucapel: 2 kilómetros antes de llegar a Tucapel está la bocatoma del canal Laja-Diguillín. Allí también está el balneario municipal, que aprovecha las aguas del río Laja. Está implementado con agua potable, luz eléctrica y casetas sanitarias. El lugar es apto para la pesca y el baño. Cuenta con medio centenar de sitios de camping rodeados de frondosos árboles.

Tucapel Urbano: Esta localidad se caracteriza por su plato típico: salmones del río Laja, los cuales se pueden degustar en varios restoranes de Tucapel. Además, está el fuerte de Tucapel fundado en 1725 por Gabriel Cano y Aponte como una manera de acortar el frente con los mapuches.

Huépil: En sus alrededores están los ríos Huépil y Cholguán.
En este lugar se celebra el 25 de diciembre la fiesta religiosa de María Santísima, visitada por una gran cantidad de devotos de diversos sectores.

Laguna Trupán: Rodeada de cerros, es un sitio especial para acampar y andar. La laguna, que tiene una profundidad promedio de 6 metros, unos 600 metros de largo y 300 de ancho, recibe agua del canal Zañartu y luego sigue su curso hasta el río Huépil. En la laguna se puede disfrutar de un tranquilo y apacible paseo en bote.

Polcura: Ubicado a 20 kms de Huépil, ahí se encuentra el río El Manco. Además, a unos 9 kms está la laguna del mismo nombre, poco conocida pero de gran belleza.

En los alrededores de esta Polcura existen lugares de incalculable belleza como el sector de Mañihual de difícil acceso, en donde existen copihues y bosques nativos.

Tucapel: tranquilidad de la precordillera


La comuna de Tucapel no difiere en mucho de cualquiera de los asentamientos de la zona central del país. Es una comuna agrícola de preferencia forestal, con bellezas naturales emplazadas casi en plena cordillera de Los Andes y que no tienen mayor aprovechamiento turístico.

Sin embargo, tiene varias particularidades. No tiene una Plaza de Armas sino cuatro. La característica de esta comuna es la dispersión de sus centros urbanos en los pueblos de Huépil, Polcura, Trupán y Tucapel. Curiosamente la comuna se llama Tucapel pero el municipio está instalado en Huépil. Todo un enredo que data de fines de los años ‘60 y que motivó una profunda división entre los vecinos de las localidades involucradas.

Ubicada a 55 kilómetros al noroeste de Los Ángeles, por la ruta a Antuco, la comuna tiene una población de 12 mil 20 habitantes distribuidos en 911 kms2.

Los primeros antecedentes históricos que existen de la comuna, dicen relación con la fundación del fuerte de Tucapel el año 1723, alrededor del cual los españoles, el año 1765, conformaron un pequeño pueblo.

Los diversos sectores poblados se fueron formando aledaños a la línea del ferrocarril, servicio que en la actualidad no existe pero que fue de vital importancia en la conformación de la comuna.

La población se dedica principalmente al cultivo de trigo y avena, como así a las labores forestales y crianza de ganado en pequeña escala.

Posee un número considerable de montañas y planicies onduladas en las que se encuentran los centros poblados, todos ellos dedicados principalmente a labores silvoagropecuarias.

Las aguas limpias y transparentes de sus ríos y lagunas le han dado fama a Tucapel como zona de pesca. No en vano Polcura tiene pisciculturas.

Los principales cursos de agua los forman los ríos Huépil, Cholguán, Itata, Manco, Reñico y los esteros El Piojo, Las Lomas, Los Troncos, entre otros.

También destaca las lagunas de Trupán y El Manco, la primera es ideal para la pesca y los deportes náuticos.

Tucapel - Historia de Tucapel


Aún cuando hoy en día el pueblo más importante lo constituye Huépil, la historia de la fundación de la comuna y de sus centros poblados está íntimamente ligado a lo que es la historia del fuerte Tucapel que dio origen primeramente al pueblo del mismo nombre y luego a la conformación de los otros tres centros pobladas llamados Trupán, Polcura y Huépil. El fuerte Tucapel fue fundado por Gabriel de Cano y Aponte en 1723, como una manera de acortar el frente con los araucanos.

Se dice que el distinguido Gobernador de Chile Colonial hizo abandonar los fuertes de la frontera para instalar Penco, Quilacoya, Yumbel, y el más oriental que correspondió a Tucapel. Según el Abate Molina, el fuerte estaba ubicado "en el estrecho que forman los riscos del río Laja y faldas de la Cordillera nevada y cierra el paso de los indios enemigos".

Seguramente el día de su fundación correspondió a un 13 de Noviembre, de ahí su nombre de Fuerte de San Diego de Tucapel. Más tarde, Antonio Guill y Gonzaga, entre los años 1765 y 1766 con algunas familias de españoles fundaron el pueblo en las afueras del fuerte, aunque por razones de seguridad muchos se quedaron viviendo en el interior. Por esos años se fundaron las Villas de San Luis de Gonzaga de Rere y San Carlos de Austria de Yumbel. Con el correr de los años la región, fue refugio de bandidos. Los Pincheira extendían sus correrías desde la llamada isla de la Laja hasta San Fernando y por el lado argentino hasta San Luis.

A fines de 1821 e inicios de 1822 y debido a largas discusiones entre Freire y Benavides, este ultimo asesorado por el cura Perrebú, se produjo una reorganización de las fuerzas de montoneros, los que destruyeron gran parte de esta hermosa región. Así desaparecieron consumidas por las llamas, los poblados de Los Ángeles, Nacimiento, Purén, Santa Bárbara y Tucapel Nuevo.

La zona quedó como si jamás hubiese sido habitada. Posteriormente a este desastre tanto el fuerte como el pueblo comenzó a ser reconstruido lentamente, que nuevamente fue incendiado, en 1852. Fue entonces cuando el Presidente envió a don Joaquín Villarino (que no era ingeniero civil pero trabajaba en el ramo), con la misión de buscar el lugar más adecuado para fundar un pueblo. Visitó muchas localidades, terminando por informar que el lugar más adecuado era el noreste del Fuerte. Esto habría sucedido el 12 de octubre de 1854. El fuerte mantuvo una guarnición hasta después de la guerra del Pacífico, pues aún existían problemas con los Araucanos. La Municipalidad existe por un Decreto firmado por el presidente don Jorge Montt, que creó varios Municipios pero formando parte del Departamento de Rere, del cual se separó al finalizar el primer cuarto de siglo, pasando a formar parte de la provincia de Ñuble. Posteriormente y debido a la reestructuración producto de la regionalización del país, pasó a formar parte de la provincia de Bio Bío. Hasta el año 1967, Tucapel fue la capital de la comuna, con un buen edificio municipal y tesorería, pero por disposición del Presidente Eduardo Frei, esta fue trasladada a Huépil. Anteriormente la Municipalidad jamás había funcionado allí, solamente lo había hecho la tesorería por un corto tiempo, cuando ésta estuvo a cargo del Sr. José A. Márquez. Dentro de la historia y desarrollo de la comuna un papel fundamental le cupo al servicio de ferrocarriles. ramal de trocha angosta que derivaba de la estación de Monteáguila hacia el oriente hasta la estación de Polcura, el que fue fundado alrededor del año 30, según algunas fuentes ligadas al quehacer ferroviario.

Fue fundamental en el desarrollo y dinamismo de la zona puesto que era el medio de transporte que permitía sacar los principales productos del sector (cereales y madera) hacia el mercado nacional. También era el principal medio de transporte de los habitantes del sector. El desarrollo del ferrocarril está estrechamente ligado al desarrollo de Huépil como el principal centro urbano y comercial de la comuna, dado que constituía una de las principales estaciones del ramal.

En cambio, Tucapel quedó fuera del trazado ferroviario y ello determinó en gran medida el desperfilamiento y desplazamiento como principal centro urbano. A través del transporte terrestre se efectuaba la combinación de pasajeros provenientes de Tucapel con el tren, vía la estación de Huépil. El rol de Huépil, como una de las estaciones principales del ramal fue haciendo que se concentrara en torno a ella el comercio y los servicios dado el dinamismo económico que fue logrando. Todos estos fenómenos fueron las causas de que la comuna se fuera concentrando y desarrollando en torno a Huépil.

Tucapel - Laguna de Trupán


De acuerdo a la recopilación de leyendas en la biblioteca pública de Huépil, en la comuna de Tucapel, existe una curiosa leyenda que explica el origen de la laguna de Trupán, situada en la localidad del mismo nombre, en plenos faldeos cordilleranos.

Según este relato, en ese lugar no había ningún cuerpo de agua. Sin embargo, hace muchos años, cuando unos mapuches jugaban a la chueca o palín en el mismo lugar hubo una gran pelea donde murió el hijo del lonco.

Por eso, éste maldijo la cancha para que nadie pudiera jugar en ese lugar.

Fue así que cuando el grupo de iba del lugar, a uno de los mapuches presentes le dieron ganas de orinar. Fue tanto lo que hizo que en el mismo lugar se formó la laguna Trupán, impidiendo el uso deportivo de esa parte, tal como lo había afirmado el indignado jefe indígena.

Por eso, se asegura en el relato, en las noches de luna llena se escucha cómo orina el mapuche.

Tucapel - Terror en las sombras

En un camino a las Lomas de Tucapel, siempre se producía un hecho muy terrorífico. Cuando a la medianoche los trabajadores bajaban al pueblo a caballo, se encontraban con una yunta de bueyes negros de largos cachos que comían pasto en el camino, que pronto comenzaban a correr por el callejón.

Los caballos de los hombres se paraban y no querían avanzar. A uno de ellos lo castigaron tanto para que corriera tras los bueyes que cuando llegó a una zarzamora muy tupida cerca del fundo Venecia, desapareció sin dejar huellas.

Tucapel - Mariscal Andrés Alcázar: el guerrero de Bio Bío


El mariscal Andrés Alcázar fue parte viva de todo el proceso de Independencia del país, luchando con O’Higgins en Rancagua y en las exitosas campañas de la Patria Nueva. Nacido en Tucapel, al alero del fuerte, se forjó en la reciedumbre de la Alta Frontera y, en defensa de Los Ángeles, murió en las cercanías del Puente Perales (conocido como Tarpellanca) cuando trataba de escapar de las montoneras de Benavides.

El nombre de un céntrico hotel y de una avenida pavimentada hace pocos años, además de un modesto busto frente a la cascada principal del Salto del Laja son, quizás, los únicos recuerdos tangibles de quien fuera uno de los más brillantes soldados patriotas que tuvo el país en los albores del proceso de la independencia, hace unos 190 años.

El mariscal Pedro Andrés Alcázar Zapata, según coinciden los historiadores, fue uno de los más sobresalientes estrategas militares y un caballero de respeto entre sus pares, que a pesar de su avanzada edad el día de su muerte supo mantener la claridad de la situación para tomar siempre la decisión más correcta.

Pero, para los habitantes de la provincia de Bio Bío, también tiene un componente original. No sólo murió y combatió en estas tierras dependiendo la causa patriota, sino que también nació por estas latitudes, en plena zona de la Alta Frontera.

En efecto, por allá por 1752, en pleno territorio fronterizo, vio la luz en el fuerte de San Diego de Alcalá, de Tucapel, siendo bautizado en la capilla del mismo el 12 de diciembre del mismo año. Era hijo del Capitán de Infantería y Jefe del Fuerte, Andrés de Alcázar y de doña Feliciana Rodríguez de Zapata y Sanhueza.

En Tucapel creció en medio de la hostilidad ambiente, entre malones araucanos y furiosas tempestades, que la naturaleza descargaba en el territorio.

Entusiasmado, desde sus primeros pasos, por la carrera militar, entró al Regimiento Dragones de la Frontera en calidad de soldado distinguido. Tiempo después llegó de España su nombramiento oficial de Cadete.

Por un error de copia, figuraba como Pedro del Alcázar, en lugar de Andrés. El comandante de Dragones, el Coronel Ambrosio O’Higgins, le hizo anteponer el apelativo de Pedro, para legalizar la cédula.

En 1776, Pedro Andrés fue ascendido a alférez, luego a Teniente en 1783 y a capitán en 1785. Antes, en 1777, casó con doña Clara de Zumelzu Obregón y Ruiz de Berecedo, unión de la cual nacieron Carmen, Juan Andrés, Mateo (sería sacerdote), Antonia, Juana, Teresa y José Antonio.

Durante todo este tiempo, Andrés de Alcázar sirvió exclusivamente en la región conocida como Isla de la Laja, lo que le permitió ser un experto conocedor de la comarca y de sus habitantes. Sus constantes encuentros con los indígenas forjaron sus condiciones de guerrero que le destacarían más tarde, durante las luchas por la emancipación.

Tucapel - Alcazar, su adhesión a la Causa Patriota


Su adhesión al nuevo régimen se vio reflejada en el oficio que envió el mayor graduado Pedro José Benavente, comandante del Cuerpo de Dragones Veteranos, acantonados en Los Ángeles, en respuesta a la nota enviada por el Conde de la Conquista, el 19 de septiembre desde Santiago, en la que pide el reconocimiento de esas tropas a la Junta de Gobierno, instalada en la capital. Revestía especial importancia la adhesión de las tropas de Los Ángeles, por ser esta la principal plaza militar del sur. A pesar que el total de sus fuerzas no pasaba de mil hombres, era un lugar apto para la formación de nuevos cuerpos de tropas.

Desde esta época y hasta su heroica actuación en Tarpellanca, Andrés de Alcázar viviría prácticamente empuñando su espada, montado a caballo, junto a los ríos, bosques y montañas de su Patria.

Su primera campaña bajo la Junta de Gobierno criolla sería en auxilio de los patriotas de Buenos Aires, amenazados por una invasión realista en 1811.

En Concepción se preparó un cuerpo de 200 infantes y 100 dragones de la Frontera, que partió hacia el Atlántico al mando del teniente coronel graduado Pedro A. del Alcázar. El citado destacamento, denominado Tropas Disciplinadas, efectuó una notable marcha vía Santa Rosa de Los Andes, Mendoza, Buenos Aires, llegando a este último punto a mediados de 1811. Entre los 27 oficiales chilenos que iban en la expedición, figuraban un futuro Presidente de la República, el entonces capitán Joaquín Prieto Vial, y el capitán Manuel Bulnes, padre del Presidente de igual nombre.

Las fuerzas de Del Alcázar prestaron servicios en Buenos Aires, de diferente índole, solidarizando con las tropas de la guarnición militar, en la revolución del 8 de octubre de 1812.

En abril de 1813, el comandante Alcázar solicitó de las autoridades de las provincias Unidas del Río de la Plata la autorización para regresar a Chile, toda vez que se gestaban importantes acontecimientos independentistas.

El 18 de abril, las "Tropas Disciplinadas" salieron de Buenos Aires, cruzaron la Cordillera a fines de mayo y entraron en Santiago el 4 de junio, siendo entusiastamente recibidas por el pueblo y las autoridades. Tres días más tarde la Junta de Gobierno envió una efusiva nota por los servicios prestados por Del Alcázar. Este, en su respuesta, agradece en su nombre y en el de su gente y ofrece su concurso, manifestando su ansiedad de "poder recoger siquiera una rama de los laureles que sus compañeros comenzaban a reunir en el sur de Chile".

La Junta de Gobierno dispuso que las tropas de Alcázar se trasladaran a Valparaíso, de donde, después de una corta permanencia, fueron enviadas a Talca. Al organizarse la División Auxiliar, las tropas de Del Alcázar pasaron a formar parte de ella. De esta División se destacó una fuerza de 800 soldados, seis cañones y dos culebrinas, que partiendo de Talca, al mando del Coronel Marcos Balcarce, ocupó sucesivamente Longaví, Cauquenes y Quirihue.

En el combate sobre los Cerros de Cucha-Cucha (23. II. 1814), Alcázar actuó como segundo del Brigadier Juan Mackenna contra la División realista de Urrejola.

Posteriormente, volvió Alcázar a descollar en la brillante victoria del Brigadier Juan Mackenna en Membrillar (20. III. 1814).

Producida la invasión de reconquista del Coronel Mariano Osorio, se unieron los chilenos ante el peligro común, pero era ya demasiado tarde.

Sobrevino el desastre de Rancagua (1 y 2.X.1814), donde el coronel Alcázar luchó fusil en mano y codo a codo con los heroicos defensores de la Patria Vieja. Fue uno de los que sableando y saltando por encima de los morriones de los soldados de Rodríguez Ballesteros, Montoya, Maroto y Elorreaga, se abrió paso hacia la cuesta de Chada.

En el éxodo a Cuyo, allí estuvo Alcázar, en la retaguardia, protegiendo la retirada por las cumbres andinas.

En Mendoza, tomó parte en la preparación e instrucción del Ejército de los Andes hasta que, al frente de su destacamento, cruzó la cordillera con destino al terruño, en enero de 1817.

Después de la Batalla de Chacabuco (12.II.1817) permaneció en Santa Rosa de Los Andes, organizando un batallón de infantería que propuso crear con contingente de la subdelegación de Aconcagua. De esta manera nació el "Batallón Número 1 de Infantería de Chile", cuya organización de detalle y mando quedó a cargo del Coronel Juan de Dios Vial Santelices, en la villa de San Felipe.

Entre el lapso de las Batallas de Chacabuco y Maipú, participó en el sur del país en la campaña contra las fuerzas del coronel José Ordóñez que, aliado con los mapuches, se había impuesto la misión de mantener las armas españolas en las plazas de Concepción y Talcahuano.

Durante esta guerra de guerrillas, Alcázar fue sitiado por los indígenas en Nacimiento, manteniéndose en su reducto hasta que fue auxiliado por patriotas al mando de su sobrino, el capitán Agustín López Alcázar (18. X. 1817).

El 15. XI. 1817, volvió a ser atacada la plaza de Nacimiento, donde montaba guardia permanente el coronel Alcázar, por las montoneras realistas y escuadrones araucanos. Por dos días se mantuvo firme en sus posiciones hasta que pasó al contraataque, consiguiendo romper el sitio y poner en fuga al enemigo.

En Maipú (5. IV, 1818), tomó parte brillante en la victoria, que habría sido decisiva si el General San Martín hubiese ordenado una tenaz persecución.

Tucapel - La Guerra a Muerte


Después de batalla de Maipú, gran parte de las tropas realistas se retiraron al sur, donde organizaron guerrillas que hostilizaban distintos puntos de la región, lo que movió a la organización de un ejército de patriotas que ocupó con alrededor de tres mil hombres el territorio entre Santiago y Parral. Estas fuerzas se pusieron al mando del General transandino Antonio González Balcarce, quien llegó a Chillán el mes de enero de 1819. Este Ejército tuvo una sola acción militar, un duelo de artillería con los realistas a través del Bio Bío. Balcarce se retiró al norte, dispersando sus tropas y nombrando a Alcázar Comandante General de las Fronteras, en febrero de 1819.

Después de la retirada de Balcarce, los realistas convergieron sobre Los Ángeles, defendido por el Batallón Coquimbo y artillería. Un primer ataque de "tres mil indios de lanza" fue rechazado con metralla. Repitieron el ataque llegando a golpear las puertas del fuerte con los cabos de sus lanzas. Alcázar llegó con su caballería desde Yumbel y los dispersó.

Como comandante de las fuerzas que guarnecían Los Ángeles, le correspondió al coronel Alcázar enfrentarse al sanguinario comandante de guerrillas Vicente Benavides. Este llegó con sus hordas a Los Ángeles el 19. IV. 1819. Benavides exigió la rendición, asegurando que ya había derrotado al General Ramón Freire en un supuesto combate. La contestación de Alcázar fue: "Ataque usted cuando quiera; tengo pólvora y balas para esperarlo con la mesa puesta". Benavides no se atrevió a pasar al asalto y se retiró.

A fines de ese año, tuvo el Coronel Alcázar un serio combate en El Avellano (9. XII. 1819). Allí se encontró con fuerzas montoneras muy superiores en número, que le obligó a retroceder con sus escasos milicianos y mocetones indígenas aliados. Empero, recibió oportunamente desde Los Ángeles el refuerzo del Batallón Cazadores de Coquimbo, con el cual contraatacó, obteniendo la victoria.

Entre los muertos realistas figuraba el jefe militar de los indios, el lenguaraz Pedro Sánchez y entre los heridos, el perverso Zapata y el cacique Mariluán. Los patriotas tuvieron lamentables bajas fatales, como la del cacique aliado Francisco Mariguala y los Tenientes Juan Pulgar y Francisco Poblete.

Luego de la expedición a Renaico, en enero de 1820, don Pedro Andrés Del Alcázar fue ascendido a Mariscal (12. IV 1820).

Tucapel - Martirio en Tarpellanca


Con el alto grado de Mariscal, Alcazar emprendería una infortunada operación para batir al temible Benavides. En ella encontraría heroica muerte en el Combate de Tarpellanca (26.IX.1820), en lo que hoy conocemos como Puente Perales, uno de los pasos del río Laja, en el camino a Yumbel.

El plan para capturar a Vicente Benavides, ideado en 1819 por el Intendente de Concepción, General Ramón Freire, era sencillo. El atacaría al montonero por el camino de la costa, mientras que el entonces Coronel Alcázar avanzaría desde Los Ángeles hacia el sur del Bio Bío, atravesando éste frente a Nacimiento.

Después del desastre de Pangal, el Mariscal Alcázar se encontraba en una situación bastante crítica. La guarnición de Los Ángeles, con su población civil, estaba aislada y había sufrido ya cuatro asedios de la indiada manejada por Benavides.

En estas circunstancias recibió Alcázar una falsa orden para que abandonara Los Angeles y cruzara el Laja por el vado de Tarpellanca, para unirse a las tropas de Concepción en las proximidades de Yumbel. Engañado o no, el Mariscal Del Alcázar se impuso la obligación humanitaria de salvar a la población angelina, particularmente a las mujeres y niños. Si éstos permanecían en la villa, sin protección armada, serían horrorosamente sacrificados. En consecuencia, organizó una columna con carretas, animales y el total de los moradores, que marchó hacia el Laja escoltada por las fuerzas del veterano militar (a la sazón ya tenía 67 años).

Dejó la villa el 25. IX. 1820 al frente del Batallón de Cazadores de Coquimbo, 45 artilleros, 100 a 200 indígenas amigos y cerca de un millar de paisanos.

Alcázar llegó al vado de Tarpellanca con su columna de fugitivos al amanecer del 26 de septiembre. El río Laja formaba en esa época, frente al paso, una isla que lo dividía en dos brazos. Cuando la población angelina se encontraba en la citada isleta y parte de las tropas en la ribera opuesta, emergieron por todas partes una cantidad impresionante de fuerzas realistas, soldados e indígenas, que alzaban sus armas en señal anticipada de victoria...

De inmediato Del Alcázar hizo rodear a la población civil por las pocas carretas y cuanto artefacto se encontró a mano, mientras que las tropas que habían cruzado el río regresaron a la isla arenosa para reforzar la defensa. El único que no se plegó al improvisado baluarte fue el Teniente Coronel Isaac Thompson, Comandante del Coquimbo. Según declararía después, había pretendido ir en busca de ayuda a Concepción.

Fue en estos aciagos instantes cuando el casi septuagenario Mariscal Del Alcázar mostró la fibra de su temple, dando órdenes desde la silla de su caballo y recorriendo los lugares donde se refugiaban las mujeres, niños y enfermos, les animaba y les aseguraba que les salvaría la vida.

13 horas (32, dice Mariano Torrente) resistió los impetuosos asaltos del enemigo, especialmente de las hordas del cacique Mañil, azuzadas por Benavides.

Tampoco tenían mejor resultado los ataques de los montoneros del comandante Juan Manuel Pico. Los patriotas, bajo las voces de mando del mariscal Pedro Andrés Alcázar, disparaban con excelente puntería y corrían de un lado a otro para tapar huecos o rechazar a los más audaces que lograban pisar la isla.

Agotadas las municiones, los defensores de Tarpellanca se mostraron dispuestos a pelear con cuchillos, bayonetas y a culatazos. Fue el momento en que Benavides y Pico enviaron un parlamentario a proponer una capitulación honrosa, asegurando la vida y libertad de los pobladores. Los oficiales serían hechos prisioneros y la tropa seria distribuida en las guerrillas realistas.

Si Alcázar hubiese estado sólo al frente de sus soldados, habría continuado batallando o se habría abierto paso como lo hiciera en Rancagua. Mas las mujeres, niños, ancianos y enfermos debían tener una oportunidad de salir con vida, evitando una feroz masacre. Alcázar creyó en la bandera de paz. Jamás se imaginó o no quiso creer en un absurdo martirologio.

La heroica jornada de Tarpellanca (26. IX. 1820) había terminado, luego de la firma de capitulación, efectuada a las 2 A.M. del día 27, pero con los primeros rayos del sol, se desencadenaría la tragedia.

Vicente Benavides soltó a las fieras de Mañil, que se lanzaron sobre los pobladores con crueldad. En tanto, el comandante Gaspar Ruiz, jefe político del partido de La Laja y los 17 oficiales, habían sido separados de la tropa y conducidos en dirección a Yumbel.

El 28 de septiembre los prisioneros recibieron orden de continuar la marcha, luego de pernoctar en San Cristóbal. Cerca de Yumbel, los oficiales habían sido encerrados en un rancho, donde fueron ultimados a sable, lanza y balazos. Entretanto, Alcázar y el comandante Ruiz fueron lanceados y destrozados sus cuerpos. Se cree que el cacique Catrileo fue el que primero lanceó al veterano soldado tucapelino.

Esta fue la página más negra de la llamada Guerra a Muerte, de la cual -al decir de Francisco A. Encina- hasta "los propios indios tuvieron vergüenza de cantar victoria".

Con este terrible capítulo, culminó la vida de una de los personajes más gloriosos del Ejército chileno y de la Provincia de Bio Bío.

Negrete - Escudo de Armas de Negrete


Escudo español dividido en cuarteles.

1º y 4º cuartel: sobre campo de gules dos torres de plata, simbolizando la noble sangre del Araucano y Español derramada en la Guerra de Arauco, junto a los Fuerte Españoles.

2º cuartel: sobre campo de plata un águila de sable que simboliza la altivez se mira y fiereza de sus habitantes.

3º cuartel: sobre campo de azur gavilla de oro que simboliza los carácteres Agrícolas de la comuna.

El escudo va timbrado por una corona en fuerte de oro de ocho torres de las cuales cuatro van a la vista.

Negrete - Atractivos de Negrete


RIOS: Los ríos que rodean la comuna tienen gran atractivo. Son apacibles, limpios e invitan al descanso, además de ser aptos para la pesca deportiva.

Entre estos atractivos destaca el paraje y remanso que brinda el río Bureo en el sector denominado Balneario Miraflores y la laguna natural que forma, a los pies del cerro Marimán, en el río Biobío.

En todos estos ríos es posible la navegación en botes, incluso el turista puede disfrutar del servicio de boteros para surcar las cristalinas aguas de los ríos que cruzan por esta comuna.

CERRO MARIMÁN: Está ubicado al costado norponiente del pueblo de Negrete. En su cima y en su base habría existido un fuerte español durante la conquista, domina lo que se llama el vado de Negrete. Su existencia es origen de fabulosas leyendas y cuentos.

SECTOR COIGÜE: Como todas las estaciones de trenes aún conserva la muestra de su esplendoroso pasado. La estación, el puente ferroviario sobre el Biobío y la vía bajo nivel son parte de los lugares dignos de visitar. Además, el puente carretero ofrece una gran vista del río Bio Bío.

Negrete - Negrete, con alma campesina


Si su ánimo es ir al encuentro del tradicional campo chileno, Negrete le depara acogedores lugares. La comuna tiene zonas dedicadas al descanso. No son bien dotadas como los balnearios más importantes de la provincia, pero la tranquilidad es su principal capital.

Tómese un gran descanso. Refrésquese y pasee en bote con su hermosa vista sobre el río Bio Bío. Tierras fértiles que hacen brotar largas extensiones de cultivos y frutales conforman el paisaje habitual.

Esta es una hermosa localidad dedicada a las actividades ligadas a la tierra. Su generoso suelo brinda tomates, repollos, arvejas, lechugas. También se acoge al recién llegado con sus cazuelas, pebres y pan amasado.

La comuna tiene su origen en el remoto 1551, año en que una expedición española, buscando la manera de cruzar el límite natural que le imponía el río Bio Bío, descubre el vado de Negrete, más o menos en el mismo lugar donde ahora está la localidad.

Ubicada a 35 kms al sur de Los Ángeles, se accede a Negrete por la Ruta de la Madera. En sus 176.5 kms2 se asientan 8.347 personas. El 53% de su población vive repartida en el área rural.

La principal actividad económica de la comuna es la agricultura de la remolacha, leguminosas, cereales pero por eso no menos importante es la actividad ganadera y lechera.

Negrete - Negrete, Centinela Española


El conquistador español penetró la Araucanía por Negrete, el cual lleva el nombre en memoria del capitán Juan de Negrete, que acompañaba a Pedro de Valdivia en su exploración al sur, bordeando el Bio Bío (“Fiu-Fiu”, por el cantar del pajarillo) por la ribera norte en dirección al este, en busca del ansiado oro o en la conquista de nuevas tierras.

La fundación de Concepción del Nuevo Extremo y la desembocadura del río Bio Bío fueron los puntos de referencia que se tomaron en cuenta para emprender el viaje y así buscar el lugar adecuado para cruzarlo. El río era profundo, fangoso y torrentoso pero lo encontraron – más al oriente – en el llamado Vado de Negrete, ubicado en la actual comuna de Negrete, en el mes de diciembre de 1551. La infraestructura caminera era inexistente, no habían caminos ni puentes, sólo huellas. Los aborígenes que allí habitaban eran los coyunches, gentes de las arenas, hombres primitivos, semi-salvajes, que andaban casi desnudos pero que fueron una encarnizada lucha a las huestes españolas para no permitirles la entrada.

El valle de Negrete presentaba un lugar privilegiado para los españoles.

Poseedor de cerro que sirvió de atalaya y punto de reunión de la Plana Mayor Española, permitió la planificación de las acciones a seguir y fue el lugar de descanso de las tropas. El conquistador español traía como emblemas la Cruz, que tipificaba el cristianismo, y la Espada, símbolo de la Dignidad de los Caballeros.

Durante el período de la Colonia, en Negrete se llevaron a cabo cuatro Parlamentos que eran Asambleas de Pacificación entre españoles y mapuches (“gentes de la tierra”). Estos se llevaron a efecto del 13 de febrero de 1726, el 4 de marzo de 1793 y el 3 de marzo de 1803.

El Parlamento más importante fue el desarrollado en 1793. Encabezado por don Ambrosio O’Higgins, duró tres días, juntándose más de mil 500 soldados y oficiales españoles y unos 2 mil 500 indigenas, entre caciques, ancianos y mocetones.

Además, asistió el Intendente y el Obispo de Concepción. O’Higgins, que era el Gobernador del Reino de Chile, viajó en carruaje desde Santiago y permaneció una semana en Negrete – en las ramadas construidas para este evento- en los faldeos del cerro Negrete. Fue su último acto público en Chile puesto por después asumiría como Virrey de Perú.


Fuente: Guido Ríos S.

Negrete - Negrete el Villorrio


Dadas las condiciones favorables que presentaba el lugar, nació un pequeño pueblo donde predominaron españoles que prefirieron arraigarse en esta aldea, que presentaba cosas muy favorables, como el Vado, puente natural, zona apta para el trabajo agrícola y comercial utilizada para el intercambio y trueque de alimentos y vestuarios.

En 1835 un terremoto azotó el pueblo. No hubo víctimas pero sí muchas casas destruidas. El pueblo de Negrete se reconstruyó en 1861 como villa y, con algunas calles, se le dio una pequeña simetría a las viviendas. Se retomó el comercio con más fuerza gracias a que la gente construyó balsas para atravesar los ríos Bio Bío, Duqueco y Bureo. El vado, a veces, fue imposible de atravesar por lo profundo y cenagoso.

Las familias de Negrete pasaron a constituir grupos y etnias de criollos las cuales dieron origen a los actuales habitantes, gracias a las mercedes de tierra otorgadas a los soldados dragoneantes que así lo solicitaron. No escapan los apellidos originales, como Riquelme, García. Padilla, Reyes, Betancourt, Betanzo, Gatica, Saavedra, de la Jara, Rodríguez, Arriagada, Salamanca, Muñoz, Rebolledo, Soto, Saldías, del Río, Hernández, Sánchez, Luengo, Salazar, Ruiz, Sanhueza, entre otros.

Don Joaquín Mardones Bissit, el primer alcalde constitucional y que dio la partida al municipio de Negrete como Ilustrísima Municipalidad el 15 de mayo de 1938, se encontró con un pueblo urbano, con calles sin alumbrado ni ordenamiento, con sus servicios públicos agrupados frente a la plaza.

La gente, en su mayoría, trabajaba en los fundos, donde figuraba “Miraflores”, “Los Huertos de Manzanas y Peras”, “Espiga de Oro”, “Estrella de Oro” (actual “Santa Rosa”), “Vaquería”, “La Hacienda de Negrete”, “Esperanza de Coigüe”, “Graneros”, “El Agro”. Etc. Los otros habitantes eran abasteros, comerciantes en tránsito, empleados y educadores de una escuela básica de preparatoria.

Los límites de la comuna llegaban hasta los ríos. De allí que las actuales empresas papeleras y de celulosa de Nacimiento pertenecieran a la comuna de Negrete pero, con la Reforma Administrativa del año 1975, se traspasaron a la comuna de Nacimiento.

Guido Ríos Sepúlveda

Panteón Quepuca - Alto Bio Bío

El denominado Panteón Quepuca es mencionado en el Estudio de Impacto Ambiental aprobado a mediados de 1997 por la Comisión Nacional del Medio Ambiente (Conama) para la construcción de la central Ralco pero no establece con exactitud el tipo de medidas es necesario adoptar.

En este caso, se debía poner en marcha una figura llamada de “competencia compartida” que supeditaba cualquier acción a la autorización de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi) y al Consejo de Monumentos Nacionales.

Valga hacer presente que este tipo de trabajos no se puede realizar en unos pocos días o semanas.

Los expertos habitualmente son prolijos y meticulosos en el levantamiento y reubicación de osamentas de pueblos originarios, por lo que el proceso puede tardar meses. Sin embargo, según consta en documentos remitidos a ambos organismos públicos, aunque Endesa envió casi una veintena de oficios al Consejo de Monumentos desde el 2001 hasta la fecha, donde también se incluyeron algunas alternativas, sólo recibió un par de respuestas no conclusivas debido a que no se definía el procedimiento.

Así le fue respondido a un arqueólogo que hizo una última petición el 8 de marzo pasado de 2004.

La última carta enviada por Endesa fue el 21 de abril para comunicar que el día antes se dio inicio al llenado de Ralco. El 22 de abril las aguas habían cubierto el cementerio.

Panteón Quepuca

El cementerio de Quepuca Ralco, conocido como panteón Quepuca, se encuentra en un sector denominado Quepuca Ralco, una amplia explanada (poco frecuente en la geografía cordillerana) ribereña al río Bio Bío, la cual ahora se encuentra bajos millones de metros cúbicos de agua.

El sitio estaba unos 35 kilómetros al suroriente de la localidad de Ralco, por el cajón del río Bio Bío, que en octubre de 1995 fue escenario de un nguillatún organizado por entidades ambientalistas e indigenistas en rechazo a la construcción de la central Ralco.

En el aspecto en que no hay consenso es en el número de personas sepultadas en el lugar. Mientras Endesa Chile sostiene que habrían los restos de 12 indígenas, los pehuenches aseguran que son 56 aunque otras voces sostienen que serían unos 200.

Según algunas fuentes, el actual proceso de llenado de irreversible debido a que, técnicamente, el cierre del desagüe de fondo del embalse no tiene vuelta atrás, por lo que inexorablemente el agua seguirá acumulándose en la medida que el caudal del río sea mayor que su capacidad para evacuar.

Negrete - Negrete en el Tiempo


La comuna de Negrete está ubicada 35 kilómetros al sureste de la ciudad de Los Ángeles, cabecera administrativa de la provincia de Bio Bío. Tiene una población superior a los 8 mil habitantes y una superficie de 175,5 kilómetros cuadrados, limitando al norte con el río Bio Bío (Los Ángeles), al sur con el río Renaico (región de la Araucanía), al este con el río Bureo (Mulchén) y al oeste con una línea imaginaria aproximadamente a cuatro kilómetros del río Vergara (Nacimiento).

Asimismo, Negrete cuenta con un asentamiento poblacional permanente en la localidad de Coigüe, ubicada a siete kilómetros al oeste del pueblo de Negrete, conformada por 273 familias con un total de mil 365 habitantes. Coigüe es muy importante para la comuna de Negrete ya que es el núcleo de unión hacia las ciudades de Los Ángeles, Nacimiento y Angol, lo que lo hace constituirse en paso obligado de la locomoción colectiva, particular y ferroviaria. De notable proyección industrial y turística, se desarrollan actividades empresariales en el ámbito forestal, haras para la crianza de caballos fina sangre y complejos turísticos de categoría internacional.

La comuna de Negrete fue un excelente “Polo de Desarrollo Económico”. De sus riberas fluviales salió el material pétreo y áridos que permitieron la construcción del Apostadero Naval y el molo de abrigo del puerto de Talcahuano, en cuyas faenas se trasladaron miles de metros cúbicos de material, movilizando abundante mano de obra para la explotación de este material lo que, a su vez, dio un fuerte auge al transporte ferroviario.

El ferrocarril se constituyó en el medio más importante de transporte de carga y de pasajeros, a través del ramal que unía Coigüe con Mulchén. Las estaciones de Coigüe y Negrete se convirtieron en verdaderos centros comerciales, siendo paseo obligado de la comunidad. Había un alto número de comerciantes que trasladaban sus productos agrícolas, cereales, lácteos (como el queso fresco), pavos, gallinas y otros. Desde Concepción y/o Talcahuano se traían pescados, mariscos, vestuario, diarios, revistas, medicamentos y enseres domésticos, los cuales se vendían en la misma estación ferroviaria.

En el sector agrícola, los campos de Negrete eran latifundios dedicados a la siembra de trigo, ganadería y huertos frutales de exportación.

Durante el Gobierno del Presidente de la República Eduardo Frei Montalva, 1964-1970, se dio inicio a la Reforma Agraria, cuyas medidas estaban destinadas a modificar en forma rápida y sustancial las características de la explotación agrícola, con el fin de corregir la desigualdad excesiva en la distribución.

Para ello, el Estado comenzó a expropiar, subdiviviendo las propiedades para hacer asentamientos de campesinos y dejando reservas a sus propietarios para, de esta forma, llegar a la propiedad mediana.

Esta experiencia produjo un cambio sustancial de los trabajadores agrícolas y continuó en el Gobierno de la Unidad Popular con el apoyo de créditos otorgados por el Banco del Estado y la asistencia de la Cora, cambiando a contar del año 1977 cuando se transformaron en parceleros (por medidas adoptadas por el Gobierno Militar) y en donde prontamente afloraron las necesidades ante la falta de capital, créditos y asistencia tecnológica para trabajar la tierra en aquellos en que no estaban preparados para asumir un trabajo en forma independiente.

Por otra parte, desapareció el ferrocarril agudizando aún más la situación ocupacional del pueblo que colapsó en 1982 con la Recesión Mundial, la cual afectó fuertemente a Chile.

Como paliativo, el gobierno de la época otorgó subsidios ocupacionales como el Programa de Empleo Mínimo (PEM) y los Programas Ocupacionales para Jefes de Hogar (Pojh).

Ante este escenario, la comuna de Negrete tocó fondo en la desocupación laboral, transformándose en un ‘pueblo fantasma’ con gente que deambulaba por las calles sin esperanza y con jóvenes sin perspectivas ni proyección de futuro.

Sin embargo, ahora sus autoridades y vecinos están empeñados en salir de esta situación y con el fuerte apoyo del Estado, se ha urbanizado la localidad, se han levantado escuelas y liceos y se proyecta el potencial del turismo rural.